CARTA TE ESCRIBO
Lázaro, levántate
QUERIDO hermano: Es mi deseo que al recibo de la presente estéis, todos, gozando de buena salud. Por ésta, las cosas pintaron negras esta semana con la marcha, anunciado tiempo ha, de Amalia; el consuelo quedó en su calidad de vida a pesar de los largos años de espera. Recibirlo con resignación es lo preciso. Los que no se resignan son los últimos que nacieron en Prada de la Sierra, y sus descendientes. Hace casi cuarenta años todos tuvieron que salir a uña de caballo porque ni los carros tenían rodera. Huían de la miseria que los ahogaba; huían de la soledad que los tenía cercados; huían de aquellas nevadonas que dejaban impracticable la salida. Huyeron de sí mismos para, el paso de los años y con el poso de la nostalgia, regresar a la búsqueda de su identidad, para escarbar en sus raíces y descepar los tuérganos que dan calor a las vivencias infantiles. Quieren, hermano, que Lázaro resucite; si aquella de las dos hermanos, reprochó a Jesús su tardanza y ausencia, ellos no se reprochan aquella marcha que fue forzada por la necesidad. Ahora quieren recuperar el tiempo perdido, buscar su paraíso, y con carácter bíblico exclamar lo de «Prada, levántate y anda». Ardua y difícil es la tarea que se han propuesto pero, creo hermano que si Marta y María confiaron, los pratenses confían en sí mismos para obrar el milagro de la resurrección; para poner de nuevo en pie lo que hoy son sólo ruinas. Bien es cierto que las condiciones no son las mismas, por ejemplo, que las dadas en Rabanal del Camino o en Foncebadón, pueblos que nunca se cerraron, tal como ocurrió cuando María a morrillazo limpio defendió la permanencia de las campanas de esta última localidad. Hoy en ambos casos se está remontando el vuelo cual ave Fénix; más bien diría que es la oca juguetona del Camino de Santiago la que ha realizado ese remonte de estas poblaciones enigmáticas; y las dos están en primera línea del esoterismo jacobeo. Prada, hay que reconocerlo, lo tiene más difícil, por aquello de estar alejado de las rutas tradicionales. Sin embargo, el interés y el ahínco de la asociación Nueva Prada, siempre que no desmaye en sus intenciones, puede conseguirlo. Por de pronto, hoy mismo tienen fiesta por todo lo alto, como si aquello fuera un lugar habitado; no importa que pasado mañana vuelva el silencio a aquellos idílicos valles sembrados de guindaleras en las lindes de los praderíos. Ellos intentan una resurrección difícil, problemática, pero no imposible, en la que esperamos no haya otros intereses que no vayan en la línea de la ortodoxia. Y es que, ante esta tentativa y otras que se están produciendo en nuestra comarca, pueden albergarse otros intereses que no son tan sanctos como debieran. Me viene a la memoria, hermano, aquella oscura Edad Media, y la comparo con la mitad del fenecido siglo XX, cuando muchos pueblos desaparecieron definitivamente en la Somoza, comarca a la que hoy decimos Maragatería. Pueblos que quedan, sí, en la toponimia local, y que hoy sólo son campos ni siquiera de labrantío, mustios eriales donde las carrascas raquíticas campan a su antojo. Por ahí nos quedan los nombres de Anovas, Ballesteros, Orniola, Auzedo, Villarejo y otros más que mejor es ya olvidar, porque fueron y no son. Y se me quedan grabados en la memoria los campos de Calzada o Villardón, dos poblados que fueron cercanos a nuestro pueblo y hoy son nada más que tierras de cereales uno y de pastos golosos el otro. Sit transit gloria mundi . Carretera, luz y agua necesita Prada para esas casas mordidas por la intemperie, la incuria y el abandono. Por soñar que no quede; ¿veremos niños correteando por sus calles y algarabía como hace medio siglo en un enriscado lugar de la Somoza? ¡Hágase el milagro, hermano!