CRÓNICAS PÉSICAS
Lacianiego del año 2006
CON UNOS POCOS años de retraso, medio siglo seguramente, recibieron los antiguos mineros de Laciana el galardón que les reconoce como Lacianiego del Año 2006. Y digo que les viene con medio siglo de retraso por la razón de que muchos de ellos, demasiados, ya no podrán hacer acto de presencia al haberse dejado el pellejo en el empeño... Hoy que la minería es otra cosa, en algunos conceptos para bien, porque ya no ocupan los mineros los primeros lugares en el ranking de la silicosis; los índices de mortalidad han disminuido considerablemente respecto a unos pocos años atrás; las condiciones infrahumanas en que se trabajaba tan solo hace veinte años han sido mejoradas. Claro está, si estamos hablando de la minería de gran empresa, tal y como ocurre en MSP, si habláramos de las subcontratas que hoy florecen al amparo de las prejubilaciones otro gallo nos cantaría. Aquí las jornadas laborales, las condiciones de laboreo, hasta el derecho a sindicación son diferentes. Todo hay que decirlo, con el total conocimiento y consentimiento de las centrales sindicales, que defienden una cosa para el personal fijo de empresa y otra para el pobre obrero de las subcontratas. ¿O no es así?... Con todo, las condiciones laborales como digo son hoy más adecuadas al sentido común que antaño. Solamente el pensar el recorrido que cualquiera de los viejos mineros de Lumajo, Sosas o Robles (por citar algunos) hacía hasta llegar al tajo, a caballo, caminando o tirando de aquellas viejas «orbeas», por caminos de tierra, por senderos; de día y de noche; en invierno y en verano... Solamente de pensarlo ya estremece a uno... Por eso, aunque la propuesta de los «antiguos mineros de Laciana» haya sido la más votada, con 145 votos, ganando a la Asociación de Minusválido de Laciana, al buen cura Ovidio Álvarez, al pintor Manolo Sierra, al doctor José Rubio, a todas las asociaciones del Valle, al grupo Tsaciana, a Fernando Fernández y a Antón Arias Tronco, en buena lid, es mayor aún el premio dado en amplio abanico y la importancia de los candidatos que en este segundo año componía las propuestas presentadas... Así, al lado de lacianiegos de pro que por su condición social se merecerían el citado galardón, tales como Ovidio el cura, que dejó su impronta en Villablino por sus maneras de entender el sacerdocio, más si ocupó el lugar de otro cura y otra manera de entenderlo, como fue la de aquel don Gildo (el don va para entendernos) de eterno dolor de estómago; Manolo Sierra lacianiego-babiano (que tanto monta) de impagable legado; José Rubio, cardiólogo de renombre natural de Caboalles de Abajo; Antón Tronco, que representa la eterna lucha del hombre contra los «elementos» (tomado en la acepción 7 y 13 del diccionario en su vigésimo segunda edición); Fernando Fernández, representante altruista del voluntariado lacianiego se encuentran todos y cada uno de los demás colectivos presentados... Bien podría ser cualquiera de ellos el ganador, aunque para una mayoría representativa hayan sido estos infatigables hombres, representantes del alma de nuestras profundidades más recónditas, nuestros padres, nuestros abuelos, que representan ese negro futuro que un día se apoderó del Valle de Laciana, para bien y para mal, y nos dejó los montes vacíos de sus riquezas, los manantiales secos, y las laderas llenas de manchas oscuras, y ahora, para continuar engordando las arcas de empresarios sin escrúpulos, nos arrasan lo que queda con ilegales y horribles explotaciones a cielo abierto... Vaya a pesar de ello y también por ello, por representar otras maneras de minería todo nuestro aliento a estos hombres hechos de una sola pieza, seguramente si ellos pudieran expresar su opinión dirían que estos tiempos no nos traen buenos augurios. Y porque en cada uno de esos 35 hombres que el sábado 28 recogen el título honorífico de Lacianiegos Del Año 2006, son un poco todos nosotros, hijos de este Valle que era ganadero, se hizo minero y algún día volverá a ser ganadero...