| Crítica taurina | Al famoso emigrante leonés |

Joselillo, el elegido

Valdepiélago acoge mañana una corrida de toros para rendir homenaje al torero, natural de Nocedo y triunfador en la plaza de la capital mexicana, en el 60 aniversario de su muerte

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Benjamín Bentura Remacha - león
León

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Hace justamente dos años celebramos en el valle del Curueño la resurrección en el recuerdo de Laurentino José López Rodríguez, natural de Nocedo de Curueño, donde vino al mundo el 12 de julio de 1922. Quien en los primeros años de su vida a orillas del renombrado río truchero era conocido por Tino se convirtió, por el año 1945 y en tierras mexicanas, adonde se trasladó en 1932 para ayudar a su hermano mayor, José Luis, en Mexico había montado una tienda de comestibles. Aquella emigración de Laurentino le aportó un destino de gloria que, como en otros muchos casos, luego devino en tragedia. Ya no se le conocía por su primer nombre y apellido: ya era José Rodríguez «Joselillo», un novillero mexicano o español, no se sabía bien, que rompía reglas y moldes y se convertía, en poco más de un año, en un héroe multitudinario. Los detalles de aquella increíble historia ya los contamos entonces, cuando otro Rodríguez, Manolo, el cura de La Cándana, Ejea de los Caballeros o Nueva York, con todos mis respetos y admiración, y el vitalista alcalde de Valdepiélago, Julio González, me invitaron a relatar todo lo que sabía de Joselillo, que murió cuando yo tenía quince años. Es mucha historia la de Laurentino José López Rodríguez, el emigrante de Nocedo. Hoy la emigración es a la inversa. De aquellas tierras del otro lado del Atlántico vienen a la nuestra para descubrir su belleza. ¡Y cuánta hay en la montaña leonesa! La emigración Pero casi todo estaba ya hace siglos en el valle del Curueño, desde las montañas asturianas hasta la llanura leonesa. Escondido, casi incomunicado. Por eso, en los años 20 y 30 del siglo pasado el futuro estaba en la emigración hacia las Américas y a México se fue José Luis López Rodríguez donde montó su abacería o tienda de comestibles y a los pocos años, en 1932, llamó a su hermano para que le ayudara. Tino tenía diez años y compaginó su trabajo en la tienda y sus estudios en la capital mexicana. Conoció a comerciantes y gente de su barrio y formó parte de un equipo de fútbol que se disolvió ante los abultados resultados en contra. Fue entonces cuando su compañero Aurelio García le inició en la afición taurina formando un trío aventurero con Armando Díaz. De buenas a primeras, su primer traje de luces en la plaza de Tepeji del Río, estado de Hidalgo, aunque en aquella ocasión no salió al ruedo para dar un lance, un muletazo o poner un par de banderillas. Confesó que le impresionó el público y tuvo miedo a la responsabilidad. Fue en 1945, cuando con su amigo Aurelio García y otros compañeros de entrenamiento en las Lomas de Chapultepec y la plaza de El Toreo iniciaron una gira por el estado de Tabasco y decidieron que Laurentino José se quedaba en José, que el apellido Rodríguez era más taurino que el de López y que el diminutivo de Tino no quedaba bien en los carteles y, por respeto a la memoria de Joselito, lo dejaron en Joselillo: José Rodríguez, «Joselillo». El primer paseillo En Obregón hizo el paseíllo como sobresaliente de su amigo Aurelio García y otra vez llevaba camino de no salir del burladero cuando le empujaron para que pusiera un par de banderillas. A la salida de la suerte fue empitonado y volteado, pero, sin mirarse, cogió otro par de banderillas, con y resultado idéntico. Se había demostrado a sí mismo que tenía el valor suficiente para colocarse ante aquellos moruchos. A la tercera no pestañeo en la ejecución de un quite por gaoneras y con la muleta en una faena a pies juntos. La estocada fue fulminante, le concedieron las orejas y salió de la plaza a hombros. Su ascensión fue meteórica y llegó a oídos de José Jiménez Latapi, más conocido por Don Dificultades, Don Difi para abreviar, un periodista de amplio sombrero y amplia humanidad, poco amigo del aseo. Empezó 1946 con una gira de Laurentino y sus amigos por el sureste mexicano y Don Difi apalabró con el señor Algara la presentación de Joselillo en la Monumental. El cartel lo formaban los mexicanos Manuel Jiménez, Chicuelín, y José Luis Vázquez, el granadino Fidel Rosalém, Rosalito, y José Rodríguez, Joselillo, el españolito abarrotero que había recomendado Don Difi, con ocho novillos de Chinampas. Por la puerta grande El cartel no era muy atractivo porque los dos novilleros mexicanos estaban a punto de tomar la alternativa, Rosalito no había cuajado buenas actuaciones anteriores y Joselillo y la ganadería eran auténticas y desconocidas novedades. Y, encima, aquel 25 de agosto de 1946 salió gris y con viento húmedo y frío. Media entrada, pero de 20 mil espectadores. Empezó a llover en el tercer novillo y la gente aguantó en los tendidos porque tenía la intuición de que iba a ver algo distinto. Una avería eléctrica dejó en penumbra el ruedo aunque nada impidió que en la lidia del octavo novillo los entusiasmos se desbordaran hasta el extremo de que, pese a la inexperiencia con la espada hiciera que sonaran dos avisos, el público se lanzara al ruedo y se llevara al torero Joselillo a hombros por las calles de la ciudad hasta las doce de la noche. Un buen estilo Los elogios fueron unánimes junto a algunas observaciones de su quietismo a ultranza y el codilleo en el manejo de los engaños, pero Don Martín en Excelsior , Paco Malgesto y Juan de Tríana en Esto hablaban de Luis Procuna o Manolete como antecedentes de lo que era el toreo de Nocedo. Carlos León, en Novedades , decía lo siguiente: «Joselillo está dentro de los cauces modernos, del estilo de torear que se basa en el quietismo absoluto del torero, en su estatuismo afincado en el aguante. En cierta forma, su manera de concebir la lidia tiene un entronque directo con la peculiar de Manolete, torero perfilista, pero citando en la mínima distancia manteniéndose rigurosamente erguido e inmutable, para confiarlo todo en el juego de los brazos. Hay solera en este José Rodríguez que ayer se identificó hondamente con la sensibilidad del público, al que electrizó y mantuvo en sus asientos». De 700 pesos a diez mil Había cobrado por su presentación 700 pesos y para su inmediata repetición, Don Difi pidió diez mil. Después de diversas conversaciones y regateos, la cosa quedó en 8.500 pesos a cobrar en la actuación del 4 de septiembre. La plaza se llenó a reventar y Joselillo cortó las dos orejas y el rabo al quinto novillo. El idilio, con sus riñas y enfados peculiares, duró trece meses pese a la corte de reventadores chauvinistas que no aguantaban que el españolito copara el interés de la afición mexicana y recibiera diez mil pesos por festejo. Su corto recorrido artístico tuvo como casi exclusivo escenario aquella Plaza Monumental que se construyera para mayor gloria de Manuel Rodríguez y que fue trono y altar de los cien metros más cortos e intensos de una carrera taurina. Para el recuerdo En su décimo octava novillada en México, el 28 de septiembre de 1947, festividad de la Virgen del Camino, patrona de León, el novillo Ovaciones de Santín, de 450 quilos, negro bragado y cornicorto que salió en quinto lugar, puso la cruz a tan fantástico sueño. Vistió el torero un terno rosa pálido, el mismo color que el de Manolete en Linares, bordado en plata. El de Santín era manso y buscó siempre las tablas, de donde una y otra vez intentaba sacarlo Joselillo. En un derechazo el manso alargó el cuello y volteó al torero de forma espectacular. Joselillo se levantó encorajinado y se acercó a la barrera a tomar un sorbo de agua. Entonces surgió desde el tendido un grito descalificador e injusto: «¡Ya arrímate, payaso!». El torero dejó caer el vaso y se enfrentó al novillo. La primera manoletina hacia los adentros resultó emocionante por el impulso ciego de Ovaciones, pero la segunda, contra querencia, se rompió en su centro y el cuerno, más certero por menguado, desapareció en la ingle derecha de Joselillo, que murió el 14 de octubre de 1947, mes y medio después que Manolete en Linares, los dos españoles que mandaron en México. Esto dijo de su hermano José Luis López Rodríguez: «Me entregaron a un pequeño para educarlo y hacer de él un hombre sencillo y trabajador. A cambio mandé a Nocedo un capote de paseo como testimonio del paso por México -y por esta vida- de mi pobre hermano». Paseíllo trágico, símbolo de un regreso que no llegó. Como homenaje a Joselillo en el 60 aniversario de su muerte, mañana, a las 18.00 horas, se celebrará en Valdepiélago la tercera novillada Memorial Joselillo en la que actuarán el rejoneador Alfonso López Bayo y los novilleros Alberto Molina y Daniel Palencia, que lidiarán seis novillos de la Ganadería de Calzadilla de Salamanca.

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