Título nobiliario
LLEGARÁ EL DÍA que ser persona (léase: humano honrado, justo y noble), sea título nobiliario, si no debiera serlo ya, porque aunque, y, gracias demos a la vida, quedan muchos ejemplares humanos con dotes normales de educación y respeto; en no pocas ocasiones los espíritus propios de cualquier persona, animal o cosa, le queda enorme a los individuos que portan cuerpo de humano. Por eso la receta de hoy he querido dedicarla a un animal denostado en muchas ocasiones que siempre ha acompañado al hombre en tareas y cargas. Cuantas veces empleamos al cabo del día: ¡eres un burro! En beneficio de todos los Plateros del mundo diré que cuantos quisiéramos llegar a la obediencia y capacidad de trabajo del asno. Como Juan Ramón Jiménez dijera en las más tierna y sentida poesía que se le ha dedicado al burro: «Tien'asero... Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo». El asno es además un extraordinario compañero de juegos para muchos niños con determinadas deficiencias, de ahí la terapia denominada Burroterapia, de reciente creación. Este animal de carga y descarga (de no pocos arrebatos de cólera del que se dice llamar amo), siempre ha estado al lado del hombre para servirle, creo que en este caso la comparación: «eres un burro», no es odiosa. Animal inteligente, dócil y trabajador podría tener, mejor que algún individuo de raza humana, el título nobiliario de persona. La Cazuela de Manuela: alforjitas de luna y verso para Platero. Ingredientes: El libro de Juan Ramón Jiménez Platero y yo , Pantoja, Fergó, Prudente y Garañuela, que son los cuatro hermosos y alegres ejemplares de equus asinus que viven y pacen en esta querida villa de Veguellina de Órbigo, Miguel Ángel Alija Gil, dueño de los susodichos. Preparación: Cualquiera de los prados donde pacen a lo largo del año: Pantoja, Fergó, Garañuela y Prudente, por serlo de naturaleza propia; cualquiera de los prados digo, donde a lo largo del año pacen estos asnos es un magnífico viaje a la ternura. Si te paras y les ofreces una rama se acercan a comer, haciendo las delicias de niños y mayores. Claro que a Miguel Ángel Alija Gil, la comida y cuidado de los equinos le cuesta dinero y trabajo. Lo triste es que no existan subvenciones para las personas que se preocupan por darle a la naturaleza lo que es suyo y contribuir a que una de las razas mas insultada, sea tratada con todo lujo.