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Picadores, ramperos... y sobre todo personas

El valle de Laciana dedica homenajes cariñosos a quienes dejaron los mejores años de su vida al servicio de la mina

Los mineros homenajeados en el acto de Villablino

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Vanessa Araujo - corresponsal | laciana
León

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El valle de Laciana localizó en cuatro puntos concretos la mayor parte de sus celebraciones. Villablino, Caboalles de Abajo, Caboalles de Arriba y Villaseca de Laciana congregaron los actos básicos. En la capital de la comarca se homenajeó en la Casa de Cultura a los mineros de mayor edad. Dionisio Alonso repitió en Villablino y Caboalles de Abajo, junto a Domingo Menéndez, Benedicto Salvador, José Álvarez y Francisco Rogelio González. El consistorio les hizo entrega de un obsequio y lo sindicatos mayoritarios del valle les otorgaron el diploma conmemorativo de su primer día de trabajo en la mina. Casi todos ellos empezaron poco después de los 20 años y se retiraron alrededor del año 1975. José vivió al experiencia más dramática: tuvo que ayudar a sacar en Lumajo a cuatro compañeros que habían quedado enterrados. Picadores, ramperos, caballistas... Todos hicieron un poco de todo. El monologuista Ramón Guamá estuvo presente en los actos, para poner la nota de humor a la jornada y la coral Santa Bárbara hizo honor a la jornada que se celebraba con canciones mineras. En todos los casos, la dedicatoria a los desaparecidos, seres queridos o solamente conocidos, fue la tónica común. En Villaseca, algunos como José Suárez aún recuerdan la dificultad de la labor: «Hemos vivido momentos muy amargos, pero ahora por lo menos podemos disfrutar de nuestras pasiones. A mí me encanta la pesca y pasear». Otro de los homenajeados, con el pesar en el rostro, recordó al hijo perdido. Dionisio Alonso recordó desde Caboalles que en la etapa de la mina, los sueldos no eran muy abundantes y «la vida se pasaba como se podía, nos quedaba de otra». El homenaje que recibió ayer le puso muy contento «pero no creo que me merezca tanto». A Elías Vaquero, en Caboalles de Arriba, la memoria todavía le retrotrae a sus primeras nóminas: «Los sueldos eran muy bajos y siempre se sabía la hora de entrada pero no la de salida. La primera vez cobré alrededor de 9.25 pesetas». De una forma o de otra, todos ellos y sus familiares han contribuido a hacer de la minería la actividad que ha movido durante muchos años buena parte de la economía de la provincia de León. Hoy, en el declive en unos casos, en retroceso en otros, los tiempos han cambiado. La patrona, no. Por supuesto.

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