Llamas cuenta con una mina oculta durante casi 20 siglos
Los romanos movieron más de dos millones de metros cúbicos de tierra para extraer unas cinco toneladas de oro de la mina que perforaron en las laderas del valle Airoso. Nadie lo diría recorriendo hoy con la mirada este recóndito paraíso natural protegido por unas montañas pobladas de robles y castaños en las que, ahora, sólo campean los corzos y los jabalíes, donde sólo se escucha el sonido del viento y el de las aguas de un torrentoso riachuelo, en arroyo Valdecorrales, que nace a más de 1.500 metros de altitud. En lo más profundo de estos abruptos parajes pertenecientes al pequeño municipio de Llamas, en la comarca leonesa de La Cabrera, hace 19 siglos, cientos de personas se afanaban por encontrar pepitas de oro en las aguas del río, en las laderas y hasta en las entrañas de la tierra. Porque, por su envergadura, allí se asentó la explotación romana subterránea más importante del noroeste español. La actividad extractiva apenas se mantuvo durante unos 30 años del siglo I, coincidiendo en el tiempo con la paralización de las labores en Las Médulas. No se explica de otra forma que para ampliar los trabajos en esta mina «destruyesen parte de la red de agua que abastecía el más importante complejo aurífero de la época, como eran Las Médulas», señala su descubridor, Roberto Matías. El aprovechamiento fue «frenético», advierte este ingeniero técnico de minas que tuvo la buena ventura de darse de bruces con un imponente agujero, «parecido a una sima», recuerda.