| Reportaje | Los mayos, algo más que estampas tradicionales |

Secretos en plena calle

Cada barrio de Jiménez guarda celosamente el contenido de la escena elegida hasta su montaje, aunque sólo las horas de trabajo escondido pasan desapercibidas al público

La escalera es la herramienta fundamental en el montaje del mayo

Publicado por
A. Domingo - jiménez de jamuz
León

Creado:

Actualizado:

Mayo es el mes un mes de ajetreo en el municipio de Santa Elena de Jamuz o, cuando menos, es lo que percibe el público. El primer día del mes amanece con las calle de sus tres localidades adornadas por los ahora tradicionales mayos: las escenas que sustituyeron al rito de colgar un monigote de un árbol o tronco que se levantaba sobre el suelo para este fin. La presencia de los mayos en la calle se aprovechó para organizar la feria de alfarería, que este año tendrá lugar el próximo domingo, y, por otra parte, los días de labor, un buen número de chavales recorren el municipio, conociendo sus principales rincones, desde el castillo de los Quiñones al Alfar-Museo. Los mayos, que han sido declarados este año Fiesta de Interés Turístico Provincial, nacen en Jiménez y, de ahí, pasan al resto del municipio e incluso a los términos municipales vecinos. Los mayos, una manifestación artística popular de un pueblo famoso por moldear el barro, tienen, sin embargo, una faceta que quienes observan las diferentes imágenes desconocen: el trabajo de taller, de `patio interior, escondido, reservado al grupo del barrio y que se oculta a los ajenos para evitar que se copie la idea, para sorprender. Un secretismo que también encierra sana rivalidad entre los grupos, en un afán de superación, haya o no premios a los mejores. En la creación del mayo se pueden invertir quince días, según cuentan algunos vecinos. Luego, todo es ponerse manos a la obra y tener listo los muñecos para, en la noche del 30 de abril, juntarse todos -en ocasiones el grupo supera las treinta personas- para cenar y montar la escena en la plataforma elevada que se crea para este fin. Terminado el trabajo, sobre la media noche, los distintos grupos recorren el pueblo, viendo el trabajo de los demás y, de manera inevitable, comparándolo, lo que lleva a que, en los mayos de calidad, se cuiden hasta los últimos detalles, desde el tirachinas del crío al que el maestro tira de las orejas a los pezones del ejemplar porcino de la matanza. Presentarse en Jiménez con una cámara de fotos el 30 de abril mientras se montan los mayos es casi obsceno, tanto como romper la intimidad quien se viste en su cuarto y descubre que se le observa. «Vuelva a las doce», recomiendan muchos, mientras que otros se empecinan en mantener oculto su secreto hasta el final, porque éste forma parte de la costumbre y de las reglas de construcción de la escena: en un lugar elevado, con las cabezas realizadas en barro y ausencia de automatismos, aunque no siempre se cumplan. Creados para despertar el interés de vecinos y foráneos, a éstos se oculta la habilidad y las soluciones que se han dado a los problemas que siempre plantea la ejecución del mayo.

Cargando contenidos...