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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO hermano: Pero sana, eh. Agárrate que entró mayo. No nos vaya a fastidiar con sus flores que en esta banda ya hemos tenido alguna chamusquina con helada de la Cruz. Nos dejó abril con menos lluvia de la deseada, y para mí fue mes de envidia hacia vosotros. Pero dicho queda querido, envidia sana; por lo de la Feria del Libro. Una feria que aquí, en Astorga, no hemos sido capaces de conseguir aunque solamente sea por un fin de semana, que por intentos no ha quedado. Aquello de las mil cantinas y una sola librería lo habéis dejado atrás. Hacía unos años que no andaba por ahí en estas fechas y como en esta edición una caseta era del Ayuntamiento de Astorga, gentileza de la organización, y a la vez se presentaban las obras completas de Panero, allá que nos fuimos para arropar el acontecimiento. Bueno, lo que es una feria todos lo sabemos hermano. Se montan para vender, y la del libro si se hace en torno al 23, de tradición por lo que sabes, tiene más gancho. He leído, por algún sitio, que la presidenta del gremio se ha manifestado satisfecha de los resultados conseguidos, que supongo será reflejo del sentir de sus compañeros. Hubo caja, vamos. Sin embargo, ¿me permites un pero? Toditas las recorrí; las casetas, no las cantinas. En todas solicitaba un libro; en todas la misma respuesta: «No, ese no lo tenemos». Es más, y cierto también, en un par de ocasiones me observaron como si de un bicho raro se tratara; no pedía ninguna gollería, no. Los estantes los tenían bien repletos; en todos ellos campeaban, bien visibles con sus portadas multicolores, los últimos éxitos editoriales, por ejemplo de Zafón y compañía. Oye, como rosquillas. Y tu hermano peregrinando de caseta en caseta preguntando por un libro. Ese es el pero. En León, capital del viejo Reino con permiso de Valladolid, a la sombra de Botines y un Quiñones, en veintitantas y más casetas, ni en una, hermano, tenían un libro que dicen los críticos del mundo mundial, no sólo los leoneses, es lo mejorcito del romanticismo español. Un solo ejemplar buscaba de El señor de Bembibre . Me confesé ingenuo porque en mi mente estaba la idea que esas ferias, aparte de no despreciar al euro, que así debe ser, servían para promocionar la literatura leonesa; la de todos los tiempos y no sólo la más actual que da réditos de inmediato; y los buenos Mateo, Aparicio, Merino, Gamoneda o Llamazares, se venden por sí solos. Así fue querido; me vine sin un ejemplar del señor y pensando que peor había sido el pasado año en Ponferrada, donde me ocurrió exactamente lo mismo; y allí ya es pecado mortal esa ausencia de las estanterías. Pero aún así, me seguís dando envidia por esa feria, que delicia es recorrer casetas, acariciar libros y mercarte alguno. Envidia me dais, porque eso de vivir en la capital os proporciona algunas ventajas; y si es en Valladolid qué quieres que te diga. A los pobrines de los pueblos nos dejan como a los santos de Maimona, que han de tener que ir los solteros -y solteras- a vestirlos; nos desnudáis, tu. Ahora resulta que si el profesorado de la comarca de Astorga- La Bañeza necesita reciclarse, a León. Desde Valladolid, de un plumazo, nos han ventilado el centro de profesores, que ahora tiene un nombre más que enrevesado. Esta envidia sí es un poco cochina y aunque no va cargada con una miaja de rencor, lleva bastante dolor. Nos queda el 2 de mayo que el cuartel de Santocildes celebró brillantemente en la plaza Mayor. Aunque vi el viernes el mapa que poníais de aquella guerra y Astorga no aparecía por sitio ninguno; otro cabreo. Y nos queda el éxito del congreso de la Federación de Asociaciones del Camino de Santiago. De esto será en la próxima, que ha traído muchas y serias reflexiones. Nos vemos.

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