Crónica | alfonso garcía

Medio siglo de vida en cada patria

Irene Nicanora García de Fontao, que este es el enunciado completo del nombre de esta abuelallena de alegría, dulzura y paz, nació el 7 de julio de 1907 en Santa Lucía de Gordón

Nicanora García, que hoy cumple 102 años y que ha pasado más de media vida en Buenos Aires, con sus

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León

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Las tierras de Gordón, al margen de ser punto de referencia laboral para ciudadanos de distintas regiones españolas, especialmente a partir de mediados del siglo pasado, tuvo un notable flujo emigratorio durante la centuria anterior. Hay múltiples causas que justifican tales movimientos durante distintos momentos del siglo, análisis que ahora no viene al caso pero que se convierte en capítulo esencial de la historia de esta comarca de la Montaña Central.

El destino, múltiple, aún recuerda presencias de gordoneses en Nueva York, Brasil, Cuba, Venezuela, Argentina-¦ Siempre que puedo, cuando viajo por estas latitudes, trato de encontrar a mis paisanos. En Buenos Aires se cumplió el guión, lleno de cariños y emociones.

Da gusto hablar con esta mujer llena de vitalidad, generosa con sus recuerdos y con el país de acogida. Sonríe cuando le digo que no tiene ni una arruga. Y se desliza hasta sus orígenes en Santa Lucía de Gordón. Allí nació el 7 de julio de 1907. Su padre, italiano -”los Negrini han dejado escrita una magnífica y a veces curiosa historia en estas tierras-”, había llegado con el proyecto del trazado, difícil, del ferrocarril. Y se casó con una mujer de la tierra. Y allí nacieron sus ocho hijos, sólo un varón. Irene Nicanora García de Fontao, que este es el enunciado completo del nombre de esta abuela llena de alegría, dulzura y paz, se casó con un vecino del pueblo, Pablo Fontao Tascón, que, como prácticamente todos los habitantes, era minero. Allí nacieron también sus dos hijos, Esperanza y Pablo.

1397124194 Una larga travesía. Todos conocemos el ambiente de nuestra posguerra. No es de extrañar que no pocas familias decidieran poner mar por medio. Y así el padre de familia, Pablo Fontao Tascón, que tenía familiares ya en Buenos Aires, decidió probar fortuna en la capital argentina.

Salieron de Santa Lucía el día 14 de diciembre de 1954, justo al día siguiente de la fiesta del pueblo. Y tres días más tarde un barco zarpó de Vigo camino de una aventura americana más. El 3 de enero de 1955 estaban en la aduana de Buenos Aires, la referencia de la emigración que hoy está inutilizada como tal. Estos lugares -“Pablo Fontao García me llevó a conocer éste-” son una referencia sentimental, con toda su dureza y sus historias, de primer orden. Auténticos campos de concentración en no pocos casos y latitudes, el alcance del dolor de aquellas gentes que habían abandonado su tierra en busca de otra vida mejor se medía con especial crudeza en estos momentos. No es el caso, al menos en su sentido más estricto, de nuestra protagonista y su familia, que hubieron de luchar incansablemente, pero la vida les puso también una sonrisa en la nueva orilla.

Por eso Canora, que tiene alma de poeta, me recita, entre tantos otros, este texto inicial del poema «Los inmigrantes»: «Me gusta ir al puerto de tu Buenos Aires / para ver los barcos, esos que trajeron / tantos inmigrantes. / Llegan a estas tierras llenos de ilusiones, / para hacerla y para hacerse grandes-¦». La conversación transcurre por mil caminos y se salpica con versos de toda condición. Cuando llega la hora de la despedida, me coge del brazo para, como siempre, de memoria, dejarme sus nostalgias, que también existen, en este «Pueblito de Santa Lucía»: «Yo te quiero mucho porque allí he nacido. / También mi familia. / Tus grandes montañas, / tus rocas, tus valles, tus minas, / tu río Bernesga de aguas cristalinas, / tus hermosas fuentes-¦».

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Más de un siglo de vida compartida entre dos patrias. Y un cumpleaños, en el día de hoy, que festeja a una abuela, la abuela de la comarca de Gordón, que vive llena de ilusiones.