«El mejor piropo es que el público no aprecie la reforma»
En la línea de Fray Luis de León y su «como decíamos ayer», Andrés Lozano, redactor del proyecto de rehabilitación y restauración del Teatro Pérez Alonso, manifestaba ayer que la mejor alabanza que se puede hacer a la mejora del edificio es que los bañezanos no aprecien la intervención.
Pertrechado de los alzados y plantas de inicio y finales y de un montaje fotográfico realizado antes de que obreros y maquinaria iniciase la ampliación del escenario, Lozano mostró el ayer del teatro y su realidad actual, un tocar sin arañar como fundamento de la restauración que le llevan a afirmar que el «mejor piropo a esta obra es que no se note».
Quienes conocieron el Pérez Alonso antes de las obras confirmaban que la sala conserva su apariencia tal y como la concibió el arquitecto Javier Sanz, a excepción del escenario -”ampliado, que ha cambiado su corte al bies por una caja de mayor tamaño-” y de las instalaciones auxiliares, dirigidas a la administración del recinto cultural y al profesional.
En los planos de Lozano, convertidos ya en realidad material, destaca el espacio destinado a camerinos antes y después de la intervención. Además, los periodistas pudieron observar, mientras esperaban al director general, cómo una plataforma ampliaba la escena a costa del foso de la orquesta.
Sin embargo, siempre habrá diferencias y, antes de que el público emita su juicio, en el techo de la sala ya luce una lámpara, remate que jamás vio antes la sala, pese a que las molduras de escayola le reservaban un hueco.