Jairo Álvarez culmina el monumento a los mineros en su pueblo de Llama
La idea de abordar la obra surgió cuando bajó la ventiladora abandonada de la mina San Pedro

Jairo Álvarez en la parte delantera del monumento donde está la galeria. En la parte trasera está ubicada la ventiladora de la mina San Pedro.
La localidad de Llama cuenta ya con un monumento a los mineros en su plaza. Este trabajo ha sido realizado por su vecino Jairo Álvarez Pinto, quien comenta que la idea le surgió cuando vio en el monte la ventiladora abandonada de la mina de San Pedro de Llama y pensó que quedaría muy bien en la plaza del pueblo. «Fui bajándola a cachos hasta el camino. Había piezas muy pesadas y con ayuda de mi padre y hermanos bajamos la caracola, que al pesar tanto tardamos casi un día». Tuvo que repararla, ya que estaba algo dañada. La dejó en la plaza del pueblo hasta ver que hacer con ella. Recuerda Jairo que la ventiladora fue lo único que quedó, ya que el resto se lo llevaron o lo vendieron cuando se cerró la mina. «Creo que la dejaron porque había mal acceso a ella y estaba entre zarzas y maleza».
El pueblo decidió hacer una base bonita y a la vez recuperar el caño del pueblo. Una vez instalada «vi que había que hacer alguna cosa más y surgió la idea de una pequeña galería. El primer paso fue poner los postes y colocar un medio vagón que hice en mi casa». Para hacer la galería lo más real a la propia mina, se situó una tubería de ventilación encontrada entre restos de mina que había tirados. También se colocó una tubería de aire. Se crearon unas ventanas y se ubicó un teléfono de la mina que recibe el nombre de genéfono y que es capaz de funcionar sin corriente eléctrica. «Una de las cosas que no me ha dado tiempo es hacer funcionar ese teléfono, para que la gente viera cómo se comunicaban dentro de la mina con un aparato sin corriente. Es una especie de bobina que se carga con la voz».
Una vez finalizada la galería, pensó en reflejar a la gente que trabajaba en la calle y por eso se ubicaron unas vías y una zona de cambios. «Llegó un momento en que una vez finalizado, esto se veía de día pero no de noche. Así que metí iluminación para que se viese el monumento por la noche, pero sin cargarlo mucho de luz».
El dinero salió de su bolsillo y de una ayuda del Ayuntamiento de Boñar. Pero el mayor coste ha sido su faena personal, a la que ha dedicado más de un año, dado que al trabajar, podía utilizar solo las tardes. «Unos días avanzaba más y otros menos. Todo dependía de la estación del año y la climatología. Fue algo que como me gustaba se convirtió en un hobby». A su generación ya no le tocó ir a la mina, donde sí trabajaron su padre, sus abuelos y sus tíos. Entre las personas que le han ayudado está su hermano; su padre, con la entibación; y compañeros como Rubén, que pintó la máquina, Héctor el Asturiano, Vicente o Víctor. En el futuro pretende ubicar una lámpara de seguridad con luz, ya que existe toma de corriente y «una torreta con un foco rojo que indicaba que la ventiladora estaba funcionando».