Una lectura para no olvidar una pérdida
Andrea Díez presentó su novela «Cuando yo cruce el río» y una web sobre el duelo
Andra Díez Moyano en la presentación de su libro.
Detrás del libro «Cuando yo cruce el río» está la historia de dos personas: su autora, Andrea Díez Moyano y su pareja Oriol Torralba «Uri» que falleció hace tres años en un accidente en la montaña de los Picos de Europa.
Este libro es un homenaje, pero su autora desea que pueda convertirse poco a poco en un recurso para aquellas personas que quizás algún día lo necesiten porque «ojalá yo hubiera encontrado hace tres años un relato así de sincero». Por eso ha creado una página web que aún tiene pocos recursos pero incluyo un grupo de profesionales que a mí me han ayudado». Además cuenta con un banco de libros relacionados con el duelo y dispone de una cuenta con un correo para compartir historias e información. «Me encantaría que algo malo que me ocurrió a mí pudiera servir para acompañar a otra persona».
La casa de cultura de Cistierna, su pueblo, se quedó pequeña para acogen a tanta gente que quiso conocer la historia de Andrea y Uri. Nunca pensó en escribir un libro si bien «la necesidad de escribir nace después de la pérdida de mi pareja, Uri. En aquel momento su produjo dentro de mí un choque tan brutal entre la vida que conocías entonces y la realidad que tenía delante que no sabía muy bien cómo gestionarlo y cómo sacarlo fuera». Así es como Andrea encuentra la escritura, la cual ha sido una forma de ordenar algo que «mentalmente no sabía cómo ordenarlo».
Señaló que tuvo miedo al olvido y que escribir fue una manera de decirse que «esto ocurrió, que esa persona existió y que todos esos recuerdos existieron». Una de las cosas más difíciles de una pérdida tan inesperada es que cuando estás creciendo al lado de una persona de repente ocurre algo que rompe la lógica con la que funcionaba tu mundo. «Una cosa es que tu cerebro tengan que comprender que esa persona ha muerto de esa manera tan trágica». Recuerda que ha sufrido pérdidas que están dentro de ese orden del ciclo vital. «Hasta que un día descubres que la vida no respeta ese orden». Es una parte del libro plasma esas primeras sensaciones después de recibir una noticia que «tu cerebro no sabe procesar».
Ha reflexionado mucho sobre la facilidad con la que a veces sentimos a la hora de encontrar palabra para acercarse al alguien que ha sufrido e intentar palabras que consuelen. «Muchas veces no podemos entender. No eres esa persona. No tenías esa relación. No tienes sus recuerdos y sus circunstancias. No has perdido exactamente lo que esa persona ha perdido». Es por eso que su reflexión ha sido que no hace falta entender para acompañar. No tienes que encontrar la frase perfecta y sobre todo acompañar no debería consistir en decir a alguien cómo debería vivir su propia historia. Cada persona encontrará su manera, su tiempo y sus herramientas».
Precisó que Uri no es su accidente y sigue intentando que Uri no quede definido por lo que ocurrió. Para él la montaña no era muerte sino que era vida. Era uno de los lugares donde más feliz estaba, más disfrutaba y más soñaba.
Recordó que Uri y ella comenzaron el día ocho, del mes ocho de 2018. «El amor que nace con forma de infinito no desaparece cambia de plano, de lenguaje, de presencia. Continúa existiendo en otro tiempo, en otro espacio con la misma intensidad. Tal vez por eso el ocho sigue ahí, no como una herida sino como un recordatorio de que lo que fue verdadero no se pierde».