Trini, más que una guardia civil
Santa María del Páramo reconoce la labor humana y profesional de Trinidad Miguélez tras 36 años de servicio y compromiso
La homenajeada, junto a la alcaldesa y sus compañeros.
Hay trayectorias profesionales que trascienden el cumplimiento del deber para convertirse en parte de la vida cotidiana de un pueblo. Es el caso de Trinidad Miguélez Álvarez, «Trini», guardia civil que, tras más de 36 años de servicio, se despide dejando una huella que en Santa María del Páramo ya consideran imborrable.
El Ayuntamiento, junto a suss compañeros, quiso rendirle homenaje reconociendo no solo su carrera, sino también su cercanía y compromiso durante más de un cuarto de siglo en el puesto de la localidad. Porque, aunque llegó en el año 2000, Trini dejó pronto de ser «la agente destinada» para convertirse, simplemente, en una vecina más.
Perteneciente a la segunda promoción de mujeres de la Guardia Civil, ingresó en el cuerpo en 1990, abriendo camino en una institución donde entonces la presencia femenina era aún incipiente. Su recorrido profesional la llevó por distintas provincias, pero fue en Santa María del Páramo donde echó raíces.
Allí ha desarrollado su labor diaria con una mezcla de profesionalidad y trato humano que le ha valido el respeto unánime de vecinos y compañeros. Su figura ha estado ligada durante años a la seguridad, pero también a la confianza y a la cercanía en los momentos importantes —y también en los difíciles— de la vida del municipio.
El reconocimiento institucional ha querido poner palabras a ese vínculo. Desde el Consistorio se destacó su vocación de servicio y su implicación con la comunidad, subrayando que su trabajo ha contribuido de manera decisiva al bienestar de la localidad y de toda la comarca.
La alcaldesa, Alicia Gallego, resumió ese sentir colectivo al afirmar que «Trini deja una huella imborrable en Santa María del Páramo. Su cercanía, dedicación y entrega han sido fundamentales para la seguridad y la convivencia de nuestro pueblo».
Ahora, con el uniforme ya colgado, comienza una nueva etapa. Pero en Santa María del Páramo, donde durante años su presencia fue sinónimo de tranquilidad, su nombre seguirá formando parte de la memoria compartida de todo un pueblo.