El sello de La Bañeza
El pequeño nazareno y su guiso, señas de identidad bañezana
Con el bacalao y los garbanzos ya en remojo, el equipo del potaje de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad ha quedado en su capilla a las tres y media de la madrugada de hoy para comenzar el guiso de garbanzos con arroz, bacalao, naranja, pan y una pasta para cientos y cientos de devotos de la cazuela. Muchos comerán hoy en la calle si el tiempo se lo permite, otros se llevarán su tartera a casa -”tras pasar por el patio de la cofradía, donde se sirven legumbre y pescado-”.
Y todo por una santa regla que disponía dar de comer a los menos favorecidos en las tres pascuas del año y un pequeño Nazareno, de unos 30 centímetros de alto, al que ayer arreglaron los cofrades con primor -”su pelo es natural y siempre hay que repasar sus vestidos-”.
Luis Mantecón afronta hoy su primer potaje como juez de Angustias, en sustitución de un David González Falagán, que durante medio siglo estuvo al frente de los fogones. Jefe de hermandad y de cocina al que la enfermedad retiró -”se le otorgó el título de juez hemérito-”, pero al que hoy se espera a comer.
En una jornada para niños y grandes, vecinos y extraños, los pequeños tienen un destacado papel. A la una y media, el Cristo rebautizado como Santo Potajero parte de la capilla cofrade, de la calle de Ramón y Cajal, en procesión. Toda la chavalería de la hermandad tendrá ocasión de llevar a hombros la entrañable talla, mientras se reza el Rosario por un breve recorrido que aún parece más corto bajo las andas.
Pequeños cofrades y miembros de la banda de cornetas y tambores, que acompañarán al cortejo, serán los primeros en la fila de reparto. A éstos seguirá una muchedumbre que, con el tiempo, ha sustituido a los desheredados que comían gracias a la caridad de la cofradía bañezana.