Diario de León

VIERNES SANTO Y SÁBADO SANTO

Orando al cielo

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de cara a la cruz miguel ángel zamora
León

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A Víctor Ramírez Pérez se le acabó la pasión por componer. Al menos, por una temporada. Eso dicen. Ganado tiene el cielo el sevillano con lo que ha hecho. Cada Viernes Santo, justo después de escenificar ‘El Encuentro’, la Agrupación Musical de JHS interpreta Orando al cielo , una de sus piezas maestras. Y el vello se eriza. Sin solución de continuidad, la sección de viento cierra la marcha del mismo nombre que dedica a La Dolorosa y a renglón seguido suenan las primeras notas de la pieza que indica que todo se ha consumado. Estremece el instante a ras de suelo en la plaza Mayor.

Al cielo oran también esta madrugada los hermanos de la cuatro veces centenaria cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. No consta en el santoral moderno Mariano Medina, tantas veces invocado el eterno hombre del tiempo de los años 70, pero ahora que los tiempos de la tecnología digital se imponen, el margen de error ¡ay! se minimiza, la previsión devuelve a JHS a los tiempos del año 2002, cuando la nieve adornó las almohadillas de la entonces recién estrenada Declaración de Interés Turístico Internacional. Quiera Dios que yerre el pronóstico y que como en la Guardia Civil, sea feliz para el afligido. No parece que, como en 2011, haya peligro de suspensión y todo apunta a que bastará con un recorrido mini y express

Por si acaso, está lista la Oración en el Huerto. De un hilo de emoción pende El Prendimiento y brilla la Flagelación con cara nueva y propósitos viejos. La Coronación pone las espinas mínimas en el camino del Ecce Hommo, que da imagen al cartel de este año y al señorío de la congregación. Va en el centro Nuestro Padre Jesús Nazareno. Él. Señor y Dios de la tierra, de los cielos y de la procesión. La Verónica recoge doliente el testigo antes de que El Expolio, torero y valiente abra paso a las tres cruces, La Exaltación, la Crucifixión y el Santo Cristo de La Agonía. Que luego San Juan, San Juanín y la Madre Dolorosa cierran el cortejo.

Si el cielo no llora y los hermanos tampoco, estarán repletas la gradas en la plaza Mayor para escuchar el sermón de la mañana. Es probable que el desayuno fraternal, anual, sin par, que para los monaguillos es de bocadillo de tortilla regado con gloria bendita, edite una versión adaptada a las condiciones de la climatología. Para la ida, el camino está claro. En la vuelta, prevalecerá el trazado más corto. Fijo.

Santa Nonia cierra las puertas de la procesión en horario cristiano esta vez y expulsa de su imaginería a la Virgen de la Cueva (que sólo tiene el placet si los pajaritos cantan y las nubes se levantan) para abrirse por la tarde al Santo Entierro de Angustias y Soledad, pendiente de un hilo. Juan Manuel Miñarro ha hecho arte de La Consolación de María . Medios de comunicación nacionales han glosado estos días su trabajo en el Jesús Cautivo de Málaga. Y por León ha pasado casi de hurtadillas un mago de la gubia. Es el Viejo Reino, es así.

Antes es turno de Las Siete Palabras. Con los mismos condicionantes. La penitencial de los tres colores sacó el Pregón a Caballo y pretende hacer buena la previsión optimista de la tarde. Así sea.

Para el santo sábado que es el Sábado Santo el programa ofrece tres versiones. La del acto de esencia que es el Desenclavo a las puertas de San Isidoro y con aromas del barrio de Santa Marina, la Soledad de Jesús Divino Obrero y el Camino de la Luz que elige el Santo Sepulcro para poner un poco más de esperanza a la vida.

Será en torno a las 18.30 horas cuando la Muy Ilustre y Real e Imperial Cofradía del Pendón de San Isidoro y el Cabildo Isidoriano se aposten a la entrada de la puerta del Perdón en la Basílica. Será antes de que se cante la Salve en las Clarisas de Cardenal Landázuri y en presencia del Santo Cristo del Desenclavo, de Nuestra Madre María del Desconsuelo y de La Piedad. Es el acto que pone fin al periplo del barrio de Santa Marina por los diez días de pasión.

Suspendida su procesión de La Hermandad con la cofradía de Jesús Nazareno de La Bañeza, a la cofradía morada y blanca del barrio del Ejido le quedan dos envites para hacerse fuerte en la calle. Todo será cuestión de climatología.

La que no teme el Sepulcro, que pone en la calle el Hombre Nuevo, el Santo Sepulcro del que toma su nombre y Nuestra Señora de la Luz que nomina al penúltimo cortejo de la cita.

Tiene siempre aires de luz tenue el penúltimo día de la celebración. En el aire empieza a dibujarse un punto de morriña (andancio, que tradujo al dialecto leonés el pregonero) cuando en la estación se emboca ya el túnel de regreso.

Será tiempo de hacer las últimas limonadas y de apurar abrazos postreros con amigos eternos o puntuales, unidos todos al calor del incienso que se va apagando, como los ecos de la carraca que rasgó las cortinas del templo y que ahora llama ya a una primavera traicionera y caprichosa. La misma que se deja querer y que se resiste a entregar secos los primeros pétalos de flor. La misma que anuncia que se acaba lo que siempre está por comenzar.

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