la bañeza se rinde al santo potajero
El Potajerín no dejó a nadie sin comer
El Nazareno de los niños sintió un año más el fervor de la ciudad antes de repartir más de 4.000 raciones del tradicional potaje bañezano.
Los niños fueron los grandes protagonistas de la procesión pujando con devoción al Nazareno de menos de un metro de la Cofradía de Las Angustias. JESÚS F. SALVADORES
a. rodríguez | la bañeza
Era el día para que los más pequeños se sintieran los protagonistas de la Semana Santa bañezana y así fue. Niños y niñas de la Cofradía de Nuestra Señora de Las Angustias y Soledad disfrutaron un Miércoles Santo más de su Nazareno preferido, el de apenas medio metro de tamaño,pero por el que todos los bañezanos tienen gran admiración y fervor porque es el que les da de comer.
El Santo Potajero, celebración declarada como Fiesta de Interés Turístico Provincial, cumplió con su tradición –la de hace cuatro siglos de dar de comer a los presos pobres que se ha hecho actualmente tan popular- y no dejó que nadie pasara hambre con el reparto del típico potaje bañezano a base de garbanzos, arroz y bacalao, acompañado con pan, una naranja y una pasta.
Un Miércoles Santo que para los más veteranos de la cofradía comenzó sobre las tres de madrugada con la preparación en su capilla del potaje. Fue a las 09.00 horas cuando hicieron una pausa para rendir homenaje al Potajerín con la celebración de la misa.
Posteriormente, fue el turno de los cofrades más noveles. A partir de las 12.30 horas, primero los adolescentes y después los más pequeños, pujaron en sus hombros al Santo Potajero con todo orgullo por las calles de La Bañeza en una procesión amenizada por la música de la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía de Las Angustias.
La procesión terminó en la capilla, donde los niños, guiados por el párroco de la Iglesia de El Salvador, Arturo Cabo, entonaron con alegría el «Santo potajero, lléname el puchero; llénamelo más, que está por la mitad».; mientas los que pujaban al Nazareno lo bailaron con ilusión.
Una vez dentro de la capilla el Potajerín y, tras la bendición de rigor del párroco, los pucheros comenzaron a vaciarse. Autoridades y cofrades sirvieron las raciones, siendo más de 4.000 personas las que degustaron el potaje bañezano.