Diario de León

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La suerte fue desigual

Un chaparrón obligó a suspender el Entierro, pero el resto de hermandades pudieron organizar sus cortejos

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Maite Almanza - astorga
León

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Un repentino chaparrón que comenzó a caer apenas había salido la procesión del Santo Entierro de la cofradía de la Santa Vera Cruz y Confalón en la tarde del Viernes Santo obligó a suspender el desfile y causó diversos daños, que la hermandad deberá determinar en los próximos días, sobre todo al Cristo Yacente, del año 1613, utilizado para recrear el Desenclavo, y a la Cruz Dorada, de 1789. Por lo demás, los cortejos procesionales del Viernes Santo en Astorga no sufrieron incidencia alguna. La Vera Cruz portó al Yacente, iluminado sólo por velones, en la madrugada en su procesión Penitencial, que hizo resonar los tambores y las carracas en la oscuridad de la noche. Los cofrades portando faroles, la cruz para el Enclavamiento, que tuvo lugar a puerta cerrada, y el único acompañamiento de un bombardino y un coro, volvieron a conformar una tenebrosa comitiva que cautivó a curiosos y fieles. La real cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno volvió a recrear en la mañana del viernes el Encuentro entre el Hijo y la Madre, a los acordes del Himno Nacional, y precedido por la popular Carrera de San Juanín. Los cofrades llevaron en volandas la entrañable imagen mientras el público que abarrotaba la plaza Mayor estallaba en aplausos de ánimo, antes de que la procesión se reorganizara para regresar al barrio de Puerta de Rey. Entre la decena de pasos que la hermandad sacó a la calle, y que constituyen una verdadera escenificación de la Pasión y Muerte de Jesús, desfilaron, por primera vez tras su restauración, la Verónica y la Dolorosa, las últimas imágenes que los hermanos tenían pendientes de mejora. Además, el Nazareno, al que acompañaban vecinos del barrio, estrenó diversos arreglos en su cruz para facilitar la puja del conjunto escultórico. La cofradía del Bendito Cristo de los Afligidos del barrio de San Andrés portó su imagen titular, sobre una alfombra de rosas y claveles rojos y acompañada de militares y manolas. Los ecos de los tambores llegaron hasta la ciudad cuando el cortejo, en el que participaron también los vecinos, ascendió bajo el puente del Postigo. La Cruz con el Sudario y las cruces del vía crucis, alguna portada por penitentes descalzos, completaban la solemne comitiva. Por la noche, la procesión de la Soledad, de la real cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, tuvo a favor el tiempo. La imagen, escoltada por la guardia civil y los vecinos, pudo realizar su recorrido y estrenar las bambalinas de su trono, en terciopelo negro, bordadas en hilo de oro y con fleco de bellota. La estación en el convento de Sancti Spiritus, en el que las monjas dedicaron a la talla un motete y una salve, y las saetas que aquélla recibió durante el trayecto, fueron los momentos más emotivos del recorrido.

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