Procesión del Encuentro, a cara descubierta
Señoras y señores, creyentes y laicos, leoneses y forasteros, no va más. Hasta aquí mismo ha llegado la Semana Santa, una expresión cultural teñida de religiosidad y ennoblecida, en el aspecto estético, por el ingente patrimonio artístico de nuestras cofradías. Sustentado sobre remotos pilares históricos y antropológicos, este alarde anual de finura y buen gusto lleva aparejado, a modo de requisito ineludible, el temblor íntimo y muy personal que acompaña a una pasión finalizada afortunadamente en gloria y resurrección. Jornadas propicias para la exaltación popular y el deambular callejero, el balance de las celebraciones correspondientes al 2008 presenta una cuenta de resultados cada vez más saneada, saldo positivo que se refiere al nivel de participación y el número de visitantes llegados desde más allá de nuestras fronteras. Y ello a pesar de que la lluvia y hasta la nieve, ¡cosas de León!, lograron trastocar algunos de los ateridos cortejos y muchos de los planes familiares. La hermandad de Jesús Divino Obrero puso espléndido broche de oro con la procesión de la Soledad. El tembloroso negro del luto dio paso, frente a la Catedral, al manto blanco con que se reviste la Virgen para encontrarse con el hijo resucitado. Una suerte de chispazo visual que despertó hondas emociones entre el hervidero de gentes que se arracimaban en la Plaza de Regla, testigos presenciales de la simbólica suelta de palomas y del destape cofrade, cuando los papones apartan el capirote que oculta la individualidad, da fortaleza a los tímidos y rebaja los humos al vanidoso. Y así, a cara descubierta, participan de forma personalizada en la buena nueva de vida y esperanza. Una escena alegre pero sobrecogedora que justifica sobradamente aquella frase tan repetida por nuestros abuelos: «Bien están las procesiones en León, como bien está San Pedro en Roma». Ahora toca preparar la nueva edición de una Semana Santa futura aún más lucida y espléndida que la presente. Y mientras tanto, feliz Pascua a todos.