Diario de León

Las altas temperaturas pasan factura al ganado

El estrés térmico, la falta de agua y la caída del consumo de alimento están provocando importantes mermas en la producción animal

Unas vacas en el campo.

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León

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La ganadería española afronta uno de los veranos más complicados de los últimos años. Las altas temperaturas registradas en las últimas semanas están dejando ya un impacto directo en la producción, con pérdidas que en algunos sectores alcanzan hasta el 25 %, según ha alertado Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos. Una situación que preocupa especialmente en zonas del norte peninsular como Asturias y Cantabria, menos acostumbradas a episodios de calor extremo de tanta intensidad y duración.

La organización agraria advierte de que la ola de calor no solo está afectando al bienestar animal, sino también a la rentabilidad de las explotaciones, en un momento ya delicado por el incremento de costes de producción y la incertidumbre climática.

El principal problema es el llamado estrés térmico. Cuando las temperaturas se disparan, los animales reducen su actividad, comen menos, beben más y destinan gran parte de su energía a regular su temperatura corporal. Esa reacción natural tiene una consecuencia directa, menos producción.

En el caso del vacuno de leche, ovino y caprino, Unión de Uniones cifra las pérdidas entre un 20 y un 25 %. Las explotaciones lácteas están viendo cómo baja la producción diaria, mientras que la calidad también puede verse afectada. En el caso de la leche de oveja y cabra, especialmente importante para queserías artesanales, el golpe económico es todavía más sensible.

Pero el problema no se limita al sector lácteo. En el vacuno de carne, la falta de apetito y el agotamiento provocado por el calor están reduciendo la ganancia de peso de los animales, alargando los tiempos de cebo y encareciendo la producción.

La situación es todavía más compleja en la ganadería extensiva. Los pastos se están secando antes de tiempo y la disponibilidad de agua empieza a ser preocupante en muchas zonas. Esto obliga a muchos ganaderos a suplementar la alimentación con pienso o forraje antes de lo previsto, incrementando notablemente sus costes.

«Hay animales que directamente muestran apatía, comen menos o incluso dejan de alimentarse con normalidad», explican desde la organización, que alerta de que la situación podría agravarse si continúan las altas temperaturas durante julio y agosto.

En el sector avícola, el calor también está pasando factura. Las aves presentan problemas de fertilidad, una menor puesta y huevos más pequeños o con cáscaras más finas, lo que reduce su calidad comercial y aumenta las pérdidas.

Además, el riesgo de mortandad se dispara. Al tratarse de animales pequeños y sensibles a los cambios térmicos, cualquier fallo en la ventilación de las naves tiene consecuencias graves.

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