Diario de León

Una excelente «opera prima» narrativa

Publicado por
NICOLÁS MIÑAMBRES
León

Creado:

Actualizado:

No sorprende la lluvia

Jesús Salviejo. El desván de las caracolas Ediciones, Valladolid, 2009. 270 pp.

Aunque es autor de algunos relatos y de una obra de divulgación, La Catedral del agua: el canal de Castilla (en colaboración con el prestigioso fotógrafo Miguel Martín) Jesús Salviejo se adentra en el mundo de la novela con No sorprende la lluvia. Se trata de un título original, que agavilla de forma muy expresiva la novela. Presente en la primera línea, sirve de cierre simbólico a la secuencia 55, penúltima de la obra.

Entre ambas expresiones se desarrolla la crónica de unos personajes de provincias que evocan un tiempo pasado presidido por el eco de experiencias dramáticas: el amor imposible, la delación, la guerra, el exilio, la vejez, la muerte-¦Todo ello con la recreación de actividades artísticas diversas (como es el caso de la del fotógrafo Roberto Mar Estrada) y con escenarios magníficamente evocados. De entre ellos, el recuerdo del Valladolid de la posguerra alcanza excelentes cotas expresivas. En la obra tienen cabida variadas técnicas narrativas, acordes con la situación argumental o el estado anímico de los diversos personajes.

Buena parte de ellos aparecen unidos en relación personal, aunque en algunos casos se trate del recuerdo nostálgico de una relación sentimental no consumada, truncada por los sucesos bélicos o por algún dramático error humano. Es el caso de Helena Plaza, el personaje esencial en esa articulación, sentimental y desolada, de los recuerdos. Casi enfermera de su marido Rafael Heras, que agoniza en un hospital, Helena Plaza espera la llegada de Benigno Hierro, transformado en Héctor Paz en la novela que éste escribe. Viene desde su exilio cubano, a visitar a su amigo moribundo, pero para Helena Plaza su llegada es el retorno de un amor pasado que, por circunstancias trágicas de la España del año 1941, no pudo consumarse: «Sabes, he soñado durante más de medio siglo con tu adiós. Para poder contestarlo y rectificar el tiempo. Pero siempre despertaba desamparada ante tu silencio» (p. 98).

El desenlace es de honda tristeza. En la vida de Helena Plaza (aunque en su delirio piense «que todo recomienza») no cabe ni siquiera la desesperación. Sólo la muerte, inmediata o lejana. Y la lluvia, aclarando sutilmente el fragmentarismo del título: «Y entonces, puede que piense (-¦) que no sorprende la lluvia, sorprende lo secos que teníamos los ojos antes de la lluvia» (p.361).

Lo apuntado, breves y elementales observaciones de lectura, es anticipo de una obra en la que Jesús Salviejo ofrece brillantes aportaciones narrativas. Triste sería que la obra pasara desapercibida en el marasmo literario de estos tiempos.

tracking