RICHARD RUSSO. NOVELISTA
«Hablo tanto de la ficción como de la vida real»
E. A.
A l parecer, en las bodas se produce un fenómeno que usted ha denominado la «mesa diecisiete». ¿Qué es esto exactamente y qué relación tiene con la novela?
-”Hace unos años, a mi mujer y a mí nos invitaron a una boda y nos sentaron a lo que era claramente una mesa de «restos». Me recordó a los últimos equipos de baloncesto que se meten en la competición de la NCAA. Por su situación, en el cuadro de cruces se puede saber que fueron los últimos en clasificarse, que casi no pasaron el corte. La «mesa diecisiete» cuadra en la temática de la novela porque puede que el hallarse entre extraños, sin estar seguro de a qué lugar perteneces, sea el futuro del personaje principal si no es capaz de dar con una forma de detener su espiral descendente.
-”Usted ha dicho que El verano mágico en Cape Cod comenzó siendo un relato corto. ¿En qué momento supo que estaba llamada a ser una novela?
-”Griffin, mi personaje principal, comienza la historia de camino a luna boda con la urna de su padre en el maletero del coche. Había pensado que esparciese las cenizas (su pasado), que ya en la boda pusiese en peligro su futuro (su presente) y a continuación salvarlo del desastre en el último instante. Pero entonces detiene su descapotable en el arcén de la carretera para cogerle el teléfono a su madre, que le está llamando y, al final de dicha llamada, una gaviota le caga encima. En ese momento, en parte porque Griffin le echa a su madre la culpa, tanto él como yo nos sentimos bastante mal. Se pueden resolver las cuestiones temáticas del pasado, el presente y el futuro en un relato de veinte páginas, pero si dejas que una gaviota y sus excrementos se te cuelen en la historia, entonces, de pronto, te encuentras metido en algo mucho más grande.
-”¿Por qué eligió usted el Cape?
-”Llevo ya un tiempo fascinado con la idea de «un lugar mejor» (véase a Lucy Lynch y Bobby Marconi en Puente de los suspiros ). Hablo tanto de la ficción como de la vida real. ¿Por qué piensa la gente que es más probable que la felicidad te encuentre en algún sitio concreto que en otros? Tiene algo que ver con lo que uno puede y lo que no puede permitirse, con lo que uno piensa que será capaz de lograr si las cosas van bien. Excepto porque aun cuando las cosas van bien, uno descubre que sigue sin poder permitírselo, lo cual otorga al lugar deseado una condición mágica. Cuanto más se corre hacia allí, más lejos huye aquel sitio de uno. Escogí el Cape porque siempre ha sido un sitio caro, y cada vez lo es más, pero podía haber sido cualquier lugar de entre un buen montón de sitios similares. Para los padres de Griffin, dos profesores universitarios, una casa en el Cape habría estado siempre fuera de su alcance. Uno de los muchos y dudosos legados genéticos que ellos le dejan a Griffin es la sensación de que la felicidad se halla siempre en el horizonte, nunca donde te encuentras. Muy norteamericano, creo yo.
-”El verano mágico en Cape Cod se inicia y termina con una boda y se convierte en la historia de la boda del propio Griffin tanto como en la de sus padres y en el inminente enlace de su hija. ¿Poseen las bodas algún tipo de carga especial que libere el pasado y amenace el futuro de una forma distinta a la de otros eventos? O, en otras palabras, ¿cuál era su pretensión al encuadrar su historia entre dos bodas?
-”Es probable que a los lectores no les sorprenda saber que mis dos hijas se casaron en la época en que escribí esta novela, que, si va bien, pagará ambas bodas. Una de mis hijas se casó en Londres, lo cual, a excepción de los costes, nos hizo las cosas más fáciles a mi mujer y a mí. Al vivir en los Estados Unidos, ¿hasta qué punto se nos podría culpar en justicia por las cosas que saliesen mal tan lejos de casa? Nuestra otra hija se casó en el pueblo de la costa de Maine donde vivimos, y por tanto su boda fue más grande. Mi mujer y yo nos temíamos que nuestras familias, bastante desconocidas la una para la otra y que viven cada una en una punta del país (y no digamos ya el espectro político), no mezclasen bien. Lo temíamos principalmente por el bien de la familia del novio, y quizá incluso por el pueblo, ya que tenemos la esperanza de seguir viviendo allí. En la segunda boda de El verano mágico en Cape Cod me imaginé una celebración absolutamente catastrófica con la esperanza de que pudiese actuar a modo de talismán contra el desastre en la vida real, y parece que ha funcionado.
El hecho de planificar las bodas de tus hijos hace que recuerdes la tuya propia y hagas las inevitables comparaciones. Cuando nos casamos en Tucson, mi mujer y yo éramos estudiantes de posgrado sin un duro, y nuestros padres sólo estaban en una situación ligeramente mejor. Nos pasamos cuatro días en México de luna de miel. Habíamos reservado billetes de coche cama, pero nos las arreglamos para llegar tarde y la verdad es que tuvimos que coger el tren en marcha. Le habían dado nuestro compartimento del coche cama a otra gente y nos tocó ir unas cuantas horas sentados en nuestro propio equipaje, en el pasillo, hasta que se quedaron libres unos asientos. Ninguno de los dos pegó ojo en toda la noche y, por supuesto, cuando llegamos a Mazatlán, temprano, a la mañana siguiente, nuestra habitación no estaba preparada. Nos cambiamos, nos pusimos los bañadores, nos fuimos a la playa y nos quedamos dormidos de inmediato bajo un brutal sol tropical. Para cuando nos despertamos, se nos había quemado tanto la piel que no pudimos ni tocarnos el uno al otro durante todo el viaje. Pero éramos jóvenes, los tacos estaban buenos, y también el tequila, nos habíamos llevado un montón de libros y charlamos sobre nuestro futuro y sobre quiénes seríamos en ese futuro, y en un puñetero abrir y cerrar de ojos han pasado treinta y cinco años. Ése es más o menos el tiempo que los Griffin llevan casados cuando arranca El verano mágico en Cape Cod .
-”Los padres de Griffin, ambos profesores universitario y atrapados en lo que ellos llaman el «jodido Medio Oeste», son unos personajes maravillosos, a veces enloquecedores, a menudo hilarantes y siempre sorprendentes. Usted ya ha buceado en el potencial satírico de las aguas académicas con anterioridad, principalmente en Straight
Man . ¿Echaba de menos volver por allí?
-”Yo creía que, con Straight Man , ya había extraído toda la sátira académica que llevaba dentro, pero parece que no. En realidad, desde que escribí aquella novela me he adentrado en otro mundo -“el cine- que viene a ser la misma idiotez con la excepción de que en lugares de vales universitarios, se requiere dinero de verdad. En esta novela, dado que Griffin es un antiguo guionista, pude comparar demencias. Claro que no fue una pelea en igualdad de condiciones. Los profesores universitarios son únicos en su categoría por peso (pesado).
-”Al comienzo de la novela Griffin es un hombre a mitad de la cincuentena que, según parece, lo tiene todo por la mano: un matrimonio espléndido, una hija espléndida, la carrera a la que aspiraba-¦ básicamente, todo aquello que figuraba en la lista de deseos que se hizo al adentrarse en la vida de adulto. Luego, en el transcurso de un año, ve cómo todo se le viene abajo. Es increíble lo rápido que puede suceder esto, ¿no?
-”Ésa es la otra similitud entre este libro y Straight Man . En ambas novelas nos encontramos a unos hombres con empleo fijo, tienen seguridad, en otras palabras. Pero he ahí entonces ese hilillo en el jersey. Sabes que deberías cortarlo, no tirar de él, pero no tienes unas tijeras a mano, y ¿qué es lo peor que podría pasar? La respuesta a esa pregunta, en este caso, es El verano mágico en Cape Cod .
-”¿De verdad ha estado alguna vez en una boda en la que algún invitado se quedase atrapado en un árbol?
-”Yo personalmente nunca he estado en una boda en la que un invitado se quedase en un árbol, pero este verano vamos a ir al Cape a una boda que promete.