Diario de León
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NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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El Maquiavelo de León. Cómo es realmente Zapatero

José García Abad. La Esfera de los Libros, Madrid, 2010. 318 pp. Tercera edición.

Cualquier lector queda sorprendido en las primeras líneas de la «Introducción»: «No es ésta una biografía de José Luis Rodríguez Zapatero -”escribe el autor de la obra -” ni un juicio sobre la política del segundo presidente socialista de la historia de España». De todas formas, García Abad, al comienzo de las páginas, ofrece una aportación memorable. Se trata de una suerte de aforismo ingenioso respecto a José Luis Rodríguez Zapatero que aporta «Aniceto Melcón, -˜Tito-™ Melcón, a la sazón alcalde de Benavides de Órbigo». En su plástica paradoja, afirma: «Ni una mala palabra ni una buena acción». La perla expresiva del alcalde de la Ribera del Órbigo será la directriz esencial que siga denodadamente García Abad en su obra.

En el acopio de información el autor sigue tres caminos. El primero de ellos, tal vez el único fiable, es aportar los testimonios de personas concretas: Óscar Campillo, biógrafo de Zapatero, Otero Lastres, profesor suyo en la universidad leonesa (al que ensalza de forma llamativa) y en algún pasaje José Bono, son los referentes más serios. El estrato siguiente incluye testimonios anónimos, lo que evidentemente nos es fuente de garantía informativa. Abundan, como tercer recurso, las escenas recreadas en estilo directo, versión que el lector difícilmente puede aceptar más que como recurso retórico.

De los diecisiete capítulos que integran la obra, los ocho primeros son el reflejo de una actitud machacona en la forma del ser del Presidente, clarísima para el autor. Hay que decir que la condición «maquiavélica» a la que se alude, no pasa de ser un reclamo publicitario, carente de referencias serias a la obra del escritor italiano. El resto de los capítulos tienen un mayor atractivo. La descripción de los ambientes de grandes multinacionales (ambientes lejanos para el español medio y los personajes que en ellos aparecen) ofrece un mundo especial, siempre sorprendente.

De todo lo dicho se deduce algo obvio: la obra pretende un aprovechamiento de la coyuntura política, pero sin un mínimo rigor en su información. Como es inevitable en libros de esta condición, abundan errores de todo tipo. He aquí algunas muestras: Fabero es siempre «Babero» y el pueblo berciano de Balboa es «Alboa». Pero lo más curioso es la vinculación de Gaudí con la catedral de Astorga: «En ese distinguido hotel, situado frente a la catedral proyectada por el famoso arquitecto catalán-¦» (p. 44). No faltan visiones grotescas, como la referida al consejo de ministros: «Lo importante no son las decisiones tomadas (-¦) sino el café con pastas (-¦) y los pinchos de tortilla a los que se abalanzan cuando se levantan de ella» (p.87). Pastas que, líneas más adelante son, curiosamente, «cruasan». Lo dicho es suficiente para alertar al lector. Pero-¦ que cada uno tome sus decisiones.

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