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NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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El contador de vientos

Ángel Fierro. III Premio de Novela Corta «Tierras de León». Instituto Leonés de Cultura-Diputación de León, León. 2010, 228 pp.

Es bien conocida la trayectoria literaria de Ángel Fierro, trayectoria que incluye abundante obra de creación en prosa y verso pero también estudios de diversa índole en torno a la comarca de Los Argüellos. Esto explica la creación de Arbolio, el territorio mítico del escritor. Arbolio es el escenario en el que se localiza el argumento de El contador de vientos , una novela de ambiente medieval en la que los elementos estéticos tradicionales alcanzan una exquisita expresión literaria.

La estructura de la obra no debe crear recelo alguno en el lector, conocedor del mecanismo narrativo: «Un viejo monje -leemos en la contraportada- que en su juventud acompañó a un trovador occitano hasta el territorio de Arbolio, el antiguo reino de León, rememora aquel viaje desde su monasterio cisterciense de Grammont». Ambientada en el siglo XIV leonés (cuando la cultura medieval alcanza ya un grado de exquisitez estética) la naturaleza, la música y el amor, esencialmente, son los temas que le permiten al escritor trazar la visión de un mundo rural pleno de belleza. El herrero Jerásimo, el poeta converso Al-Hamas y Mirtha e Hiranda, dos niñas cantoras, son los personajes esenciales. Todos ellos son intérpretes de los misterios del mundo y de lo inefable de la polisemia del arte, especialmente el de la música.

El mundo natural es el mundo recreado por Jerásimo. Herrero de profesión, su actividad ancestral le permite conocer la naturaleza interpretándola desde la perspectiva esencial de los vientos, lo que se transforma en bellos y sorprendentes pasajes. Los siete vientos acogen la existencia de los hombres y marcan su destino a la luz de los elementos naturales. De entre los personajes, sobresalen de forma especial Mirtha e Iranda, dos niñas dotadas de una innata y misteriosa condición para la música. Al alba y al ocaso, respectivamente, sus delicadas melodías se armonizan en un curioso contraste. Su música tendrá en la obra un doble objetivo: el primero es divulgar la belleza de la lírica medieval, especialmente la de las cantigas, aunque no falten fragmentos del Romancero. El segundo es intentar descubrir las claves de la música antigua, que algún manuscrito de la catedral leonesa atesora desde hace siglos. El amor se presenta como complementación temática, pero con un desenlace doloroso. Orodulce, otra niña de Arbolio, simboliza la vertiente desolada y triste de este sentimiento.

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La visión del paisaje, la concepción del arte y la evocación de los universales del sentimiento (todo ello plasmado en una prosa intensamente poética) hacen de El contador de vientos una obra admirable. Tal vez por la exquisita armonía entre los mundos ancestrales y el misterio de lo natural, interpretado desde un hondo conocimiento de las tradiciones populares, de la música y de la cultura clásica.