Libros
Dublinesca
Enrique Vila-“Matas. Ed. Seix Barral, Barcelona, 2010. 326 pp.
Hace ya años que lleva una vida de catálogo» es la gráfica confesión de Samuel Riba, un editor retirado, sumido en extrañas elucubraciones y, sobre todo, convencido de que «llevar una vida de editor le había impedido saber quién era la persona que gradualmente fue quedando oculta tras el brillante catálogo» (p.116). Sus sueños le llevan a materializar esas obsesiones librescas: debe viajar a Dublín donde «quiere entonar un réquiem por la Galaxia Gutenberg». El ferviente deseo tiene una explicación, la admiración sin límites que Samuel Riba siente por el Ulises de Joyce. Esa es la clave de que ese funeral deba estar relacionado con el capítulo sexto de la obra.
Es innecesario advertir que la experiencia viajera de Samuel Riba nada tiene que ver con un viaje convencional, como tampoco lo tiene el planteamiento literario de la obra, un homenaje a la creación, tejido con abundantes recursos metaliterarios, tan frecuentes en la obra de Enrique Vila-Matas. A fin de cuentas, la curiosa experiencia que proyecta Samuel Riba está en perfecta consonancia con lo que ha sido su vida, guiada por tres objetivos elementos esenciales: sus padres, a los que visita de forma sistemática los miércoles, Celia su mujer, convertida al budismo, y su actividad editorial. Abandonada ésta y alejado de la bebida, Riba es un personaje de extraña condición, subyugado por la pantalla del ordenador. Tal vicio lo convierte en un nuevo «Simón del Desierto, aquel estilita que se pasaba la vida encima de una columna en una película de Buñuel» (p.311).
El viaje a Dublín será un viaje literario e, inevitablemente, la consumación de una derrota etílica, cuando Riba, impotente, recae en la bebida. Las preferencias literarias del protagonista (junto con su pasión por Nueva York y Dublín) son, a buen seguro, las del propio Vila-Matas. A pesar de la compañía de sus amigos, Riba recrea e hiperboliza personalmente su pasión por la vida y la obra de Joyce y de Beckett. Desgraciadamente, estas aficiones llevan implícita la presencia en espacios dedicados a la bebida, como es el caso del pub McPherson. Con ello, Riba rinde honor a la literatura pero sucumbe al alcohol, situación que Celia no puede admitir, algo de lo que el personaje está advertido. Acorde con el tono esencialmente literario de la obra, se presenta el desenlace. La muerte de Malachy Moore, un curioso personaje de la obra y su asistencia al entierro, servirán de clave misteriosa a la vida de Samuel Riba: «La muerte de Malachy Moore acaba pareciéndole un hecho mucho más grave que el fin de la era Gutenberg y el fin del mundo. La pérdida del autor. El gran problema de Occidente. O no.» (p. 323).
Dublinesca acaba transformado en una novela esencialmente literaria, de ahí que no admita una lectura convencional. Hacerlo (como se ha hecho en la identificación de Riba con un prestigioso editor español) sería profanar unas páginas concebidas para más altos vuelos.