Diario de León
Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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Blanda le sea (Letras apócrifas)

Ángel Fernández Benéitez. Ed. Semuret, Zamora, 2010. 68 pp.

El título Blanda le sea , del poeta Ángel Fernández Benéitez, y a modo de epitafio, proviene de la Epístola moral a Fabio . Los poemas están, por lo tanto, cerca del tono elegíaco y, cuando no, llevados por una tonalidad melancólica adecuada. El subtítulo, Letras apócrifas , nos instala en el campo de la ficción: cartas supuestas de determinados personajes históricos a otros cercanos a ellos: de Sócrates a Platón, de Jesús a su discípulo Juan, de Jovellanos a Jovino, etc. «Palabras ajenas que siento como propias», según una dedicatoria del poeta zamorano; estamos, claro está, en el ámbito del monólogo dramático: el poeta pone en boca de un personaje histórico ideas y palabras que asume como propias; se expresa por personaje interpuesto y logra así cierta objetividad y, según los casos, cierto empaque de palabra amasada por el tiempo. Por otro lado, como se trata de epístolas en verso, son poemas extensos que permiten modelar reposadamente el pensamiento. Lo que importa al fin es que se trata de un excelente libro de poesía, uno de los que he leído con mayor entusiasmo en estos últimos años. A la manera de Bécquer, yo diría que existen dos tipos de poesía: una que quiere seducirnos con la palabra virtuosa y la exhibición erótica o cultural, cuyo fin es causar admiración en el lector, y otra que nos gana por su melodía sosegada, y cuyo afán es remover las fibras del sentimiento y los conductos del pensamiento. De este segundo modo es la poesía de Ángel Fernández Benéitez, que, por otro lado, ancla con Blanda le sea en una tradición, la del monólogo histórico, que en España tiene como máximo exponente a Cernuda y no a algunos poetas posteriores en los que el recurso a la historia funcionó más como adorno que como expresión personal. Además percibimos el eco elegíaco y epistolar de nuestros poetas del Siglo de Oro, si bien en el libro de Fernández Benéitez hay un empaque clásico y moderno a la vez.

Los personajes históricos nos hablan en sus cartas desde el más allá, pero imaginariamente escriben sus cartas al borde de la muerte, con actitud desengañada; de esta manera, el tema de la muerte impregna los poemas; pero además hay, según cada pieza, otros temas no menos trascendentes: el arte como consuelo en la vejez y como búsqueda de algún ideal imposible (Hölderlin), la verdad y la fuerza de la palabra (Sócrates), la fe (Teresa), la bondad, la paz y el fracaso (Jesús), el poder y el desengaño (Antinoo), la soledad ante la muerte (Alejandro), la necesidad de que la emoción acompañe al concepto frío (Gracián), la amistad, el olvido-¦ Es indudable el carácter moral del libro, que percibimos como «verdad poética», como autenticidad ajena a la palabra vana o gratuita. Es algo que se puede atestiguar en cada una de las veinte Letras apócrifas , pero algunas son especialmente relevantes, como, por ejemplo, «De Esteban Meléndez a su Batilo» o «De Baltasar Gracián a Lorenzo Gracián».

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