Madre de luz, de piedray garra
Para Sarita Valladares,
con mi agradecimiento.
En tus ojos de piedra posaron su luz las estrellas.
Las mismas que conducen al peregrino
en la senda de la tierra.
Así yo, eterna peregrina, de átomos repetidos,
vengo hoy a renovar alientos olvidados
en el ábside de tus silencios.
Así yo, eterna peregrina, escondida en el viento
vuelvo del otro lado de la historia
a buscar otra vez mis raíces
entre tus góticos cruceros.
Soñé ayer que era cantera,
bordando vainicas de piedra
en tu esbelto cuerpo de pétrea sirena.
Me soñé viajera eterna cumpliendo dibujos de luz,
en el borde de tus vitrales abiertos al nido del cielo.
Me soñé lúdica caminante aromada de urz,
en el borde del tiempo que trota hacia el pretérito.
Olas grandes, olas pequeñas.
En tu mar de piedra habita la vida dormida,
de todas las manos que te hicieran.
Así yo, ave infinita, de pequeño vuelo,
vengo hoy, encendida en sílabas, a renovar contigo
todas las alas que he perdido en el viaje de regreso.
Así yo, súbdita ya de García, Ordoño y Fruela,
rozo con mi voz los sagrados pilares de tus góticas venas,
varadas en el parteluz de la Blanca.
Imploro cordura en el «Locus Apellationis»,
por todos los sueños de paz que se han escondido en la Parca.
Pisa tu interior una grácil voluntad de calma,
donde anida la luz convertida en esperanza,
en dovela de fiesta o en sutil encuentro con el alma.
Aquí me encuentran los siglos recogiendo albas,
rompiendo promesas que no valen nada,
acariciando vidas futuras, presentes y pasadas.
Aquí encomiendo mi sangre a tu labrada galaxia,
donde anidan sueños vigilados por tus gárgolas.
Donde duermen todas las que he sido y las que seré mañana.
Fui molécula inacabada cuando tú ya eras madre,
nación de nación, reina de este mi reino de León.
Fui molécula inacabada, eterna peregrina surcando razas.
Tú eres mi raza, Pulchra Leonina, tú eres mi garra,
que te has vestido de madre, de jueza y hasta de niña sagrada.
En tu vientre viven átomos que se cruzan cabalgando
sobre tus sillares de vida, de muerte, de vida.
Así yo, eterna peregrina, de átomos repetidos,
fluyo entre tus dulces vitrales, asomándome al cosmos lúdico
de la existencia, bajo tu gótico palio de roca, plomo y agua.
Así yo, como ave resucitada, reemigro hacia tus romanos suelos,
blandiendo los brazos como alas, al compás del universo venidero.
Al compás de un tiempo hecho de viento eterno.
Sueño tu paz en este mi regazo construido de cuerpo.
En mis sentidos resucitas el misterio del espacio etéreo,
al que eternamente voy, del que eternamente vuelvo.
Pues soy parte de tu piedra viajera en las sangres de tantos y tantos secretos.
Pues soy parte de tus vitrales, que han visto nacer el sol
cuatrocientas mil, o más mañanas, desde tu sangre de vieja madre.
Hoy aquí, pequeña, pero presente, quiero alargar el tuétano del recuerdo,
aferrándome a tus góticos murales, a tus esbeltas agujas al aire,
desde donde el viento sacude negros atardeceres.
Huello hoy tus apretados ayeres para apoyarme en tus pilares
y coger fuerzas que me guíen en este peregrinar constante,
que es la vida, que es la muerte, que es la vida.
Hoy ya niña grande, de días acumulados en el borde del comienzo,
vengo a rendirte estos versos,
abrochados a la piedra del tiempo,
como ramillete de pulsos abriendo calma en la carne del cuerpo.
Abriendo calma en el verbo que fui, que soy y que seré mañana.