Fútbol, amor-¦ y la montaña de León
Regreso a Vadinia
Manuel Vicente González. Editorial Regional de Extremadura, Badajoz, 2010. 320 pp.
NICOLÁS MIÑAMBRES
Acorde con su afición balompédica, la novela de Manuel Vicente González ( «El futbolista» para sus amigos leoneses) responde en su concepción a una terapia psicológica: la recuperación de un caso de agnosia provocada por una lesión practicando el fútbol. El estado de gravedad en que se encuentra Anselmo, un ex jugador de treinta y dos años, tiene en la escritura, según el doctor Carmona, un camino de recuperación efectiva: «y si fuera posible, que dejases constancia por escrito de cuanto se te ocurra relacionado con tu vida pasada» (p.20). La novela será por tanto una crónica vital de Anselmo, trasunto sin duda de las experiencias futbolísticas del autor. Pero a las vivencias deportivas se unen las amorosas y su retiro en la casa de Vadinia, aspectos éstos carentes de motivación autobiográfica.
Dueño de una extensa carrera literaria, Manuel Vicente González ofrece en estas páginas una evocación de la vida de Anselmo, un personaje que ha sido futbolista profesional. Aun considerando la delicada lesión que sufre por las marrullerías de un jovenzuelo, la visión que se ofrece del mundo del fútbol es agradable y, en general, bastante limpia. Retirado en una casa que ha comprado en Vadinia, un pueblo abandonado de los Picos de Europa, Anselmo va recordando su vida desde una doble perspectiva: los tiempos del pasado (con el futbol como actividad esencial) narrados en primera persona, y la andadura personal de Anselmo, rescatada en tercera persona. Ambos mundos responden a una concepción vital, bifurcada en una doble perspectiva, madrileña y leonesa. Ello supone una mirada distinta, de belleza superior en la visión del paisaje montañés, contemplado desde la soledad y el cultivo de la música. Frente a la abigarrada multitud de personajes madrileños entrados en el fútbol, y en la pensión de Pepe Luna y más tarde la Casa de León, Vadinia apenas ofrece contacto humano, salvo la llegada de Elicio, hijo del antiguo dueño de la casa, y su hija Alicia. Sin olvidar la bella relación de Anselmo con un azor que merodea por su casa.
En la vida de Anselmo será decisivo también el amor, vivido de una forma apasionada e irracional con Amanda, una mujer casada, de edad considerablemente mayor, circunstancias que llevan tal sentimiento al fracaso. El encuentro final en Vadinia tiene los ingredientes necesarios para convertirse en un adiós, que será mucho más amargo de lo esperado. La contemplación de la belleza del atardecer entre montañas, la música, la nostalgia de los recuerdos, la consumación erótica... crean un clima de panteísmo sentimental admirable, pero la llegada del nuevo día no supondrá la presencia de nuevas esperanzas. La música que oyen ambos, tan evocadora al atardecer, será ahora símbolo de negros presagios. Como el paso del tiempo, que ha sido el marco en el que se ambienta esta novela de excelente factura literaria.