De asombros, curiosidades y deudas
El diario de Edwardo
Rogelio Blanco Martínez. Eolas Ediciones, León, 2010. S/p.
Estamos ante la lectura de un libro útil, instructivo, curioso y divertido. Porque El diario de Edwardo nos presenta Un día cualquiera -“y este es el subtítulo- de la vida de este joven «con una fisonomía morfológica que le hace diferente a los jóvenes aborígenes de su barrio» y al que le encantan más que las respuestas, las preguntas. Y las busca para conocer el origen, la razón de ser de las cosas cotidianas, aquellas que utilizamos sin preguntarnos por su razón de ser: kleenex, medicación, cremalleras, higiene, pantalones, la escritura, la fregona, el velcro-¦ Además de que los lectores gozamos con el conocimiento de estas curiosidades, tan importantes en muchos casos, es fácil que nos demos cuenta, como Edwardo, que «todo tiene un origen multilocal, multicultural» y que, «por lo tanto, exigen una mirada poliédrica». Así la reflexión, que siempre está detrás de la mirada de Rogelio Blanco, nos permite valorar la larga marcha de la humanidad, sus permanentes conquistas y el aprovechamiento que de ellas hacemos en tantos momentos del día a día.
El libro sirve para aprender una serie notable de cosas que nos llevan de sorpresa en sorpresa, hasta el asombro en no pocas ocasiones al comprobar que el ingenio humano se puso en funcionamiento, para cubrir sus necesidades, desde que el mundo es tal. Y que, por tanto, «el hombre tiene y posee historia». Sería ésta una de las conclusiones para tener en cuenta, habida conciencia -“y es importante subrayarlo una vez más- de que la idea de ser eslabones de una cadena nos hace deudores permanentes a muchos momentos de la historia y a muchos países y culturas. Es -“y sirva como conclusión no menos importante- un antídoto contra los nacionalismos que con tanta fruición se contemplan el ombligo.
Ameno en su brevedad, con una fórmula narrativa, fluida y ágil, que va interpolando datos y conocimientos, detrás de este texto, ameno y breve, hay muchas lecturas, información, cultura. El carácter divulgativo que el autor consigue es de agradecer.
El libro -“apaisado y de tapa dura- tiene una diagramación atractiva. Debido, igual que las ilustraciones, a la joven Graciela Fernández, las propias ilustraciones, la disposición del texto, con destacados llamativos, y la utilización de diversos tipos de letras, incluida la manuscrita, hace de ésta una publicación cercana y agradable que invita a leer. Nada mejor que recomendarlo. Queda dicho.