Diario de León

La casa apagada de horas y viento llena la estancia vacía de un mar de versos infinitos

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MANUELA BODAS PUENTE
León

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1. ESCRIBIENDO HUELLAS

Una bruma salvaje de sueños sin dueño, remece en la sangre, una serie de estridencias.

Son las tantas de la vida, cuando el reloj de las letras marca inquieto nudos en el tiempo.

Desde Panero a Rosales, se cierran las espigas ciegas de un olvido muerto y sin reposo.

El dios del Teleno sembró en tu sien una hebra de pan que llevar a tus versos.

Panero: pan y sal para la lengua que amamanta el cauce infinito de tus ritmos.

Que ya lo dijiste hace años: « Despacio, muy despacio, van las horas

juntando las palabras de mi canto.

Las horas muertas, tras las horas vivas

caminan y caminan en la sombra». 1

Sin embargo, tras las horas sin reloj de la ausencia, viven los surcos vivos de tus poemas.

Pan, pane, paner, Panero, en tu declinación nacen los trigos ardientes de las letras;

se esconden las geografías de tantas casas encendidas, que llegó a Rosales tu luz

en forma de abanico de causas. Tú hablabas de pecado y nieve, de la encina y la paloma.

Hablabas de la noche habitada de silencio, y Rosales se aferró a tus sílabas con la avidez

de un pájaro herido de amistad, así cantó tu muerte: «-¦ ahora te invoco

para tener seguridad,

te toco

para apoyarme cuando estoy cansado» 2

Y con la oscura mordaza de la duda, te dolías de vida, para calmar ausencias.

Quizá por eso pronto el Teleno acunó tus huesos, en su tálamo de raíz, tierra y sangre.

Quizá por eso escribo huellas hoy del eterno poema que todos pretendemos.

Quizá por eso vuelvo hacia el futuro los versos ya escritos y los muerdo, para que chillen

y se oigan en el infinito átomo del sentimiento, donde habitan todas las partituras que no fueron.

Hoy pretendo aquí y ahora amansar al viento del olvido, masticando los poemas in-escritos

de Panero, los poemas ausentes de Rosales, que siguen latiendo en el vértice del Poema.

Hoy me sirvo una copa de ese espeso vino del poema aún no escrito

o repetido desde el infinito. Luego, seguiré el dibujo sagrado de las huellas de sus versos.

2. HOLLANDO HUELLAS

Una bruma salvaje de sueños sin dueño, remece en la sangre, una serie de armonías.

Amanece en el lado de las rosas. La frontera está abierta a la calma. La muerte desciende

como dulce sibila a buscarte, a recoger el dolor de tu alma y envolver con él

tu último renglón.

El remanso de la muerte se lleva tus plegarias: « No sé de dónde brota la tristeza que tengo.

Mi dolor se arrodilla, como el tronco de un sauce,

sobre el agua del tiempo, por donde voy y vengo,

casi fuera de madre, derramado en el cauce» 3

Sin embargo, tras las horas inéditas de tu in-vida, habitan los brotes de un nuevo poema.

Una rosa de plurales letras tomó tu mano fría y la convirtió en verso único, lleno

de tus fisuras más íntimas. Sintiéndote desde dentro: «-¦ como crece la llama en el rastrojo

de repente murió;

tenía derecho,

y algo de dios ya en primogenitura» . 4

Rosa, rosal, Rosales, tu declinación hace pétalos con la existencia.

La existencia, ese pan finito que alimenta el olvido dormido.

Retumba en tu casa encendida la losa del verbo muerto. La losa-ausencia del poeta.

Se vino abajo Panero, y Morta se lo llevó al descanso eterno.

Lo tumbó en el cráter de los versos.

De los versos que han quedado marcados a fuego, en las faldas del Teleno, en la muralla,

en la casa apagada, en la estancia vacía, donde hubo trigo y vino en otro tiempo.

Otro tiempo, otro vuelo.

Dame vuelo, tiempo,

que no logro aprender las letras del verso nuevo.

Del no escrito, del no acabado, del que va, viene y se detiene,

donde nadie puede sostenerlo. El verso nuevo,

ese único y necesario para completar el poema, que ahora volará hacia el punto y final,

por donde ha venido y por donde se irá.

El verso que ahora abrocha una tempestad infinita,

llena de partículas aún no sidas.

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