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León

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Distinto y junto

Francisco Pino. Tomos 1,2 ,3. Edición, prólogo y notas de Antonio Piedra y Francisco Pino Jiménez. Fundación Jorge Guillén y Ámbito Ediciones, Valladolid, 2010. pp.

NICOLÁS MIÑAMBRES

De las novedades y aportaciones de la presente edición (que incluirá nueve tomos, tres de los cuales constituyen esta primera entrega) da una idea la extensión rescatada de la obra de Francisco Pino: 55 poemarios, «lo que supone -”advierten los prologuistas-” un 60 por ciento de la obra; es decir, dos terceras partes de la producción conservada». No deja de ser llamativo otro dato: «De los 93 libros que integran esta nueva edición tan solo 37 de ellos fueron publicados en vida de Francisco Pino».

Esos datos estrictamente cuantitativos dan una idea de la complejidad de la presente edición, complejidad que viene dada por la condición humana, estética y editorial del autor. En el magnífico y extenso prólogo de la obra, los editores ofrecen una semblanza humana de Francisco Pino y su obsesiva dedicación a la poesía, circunstancia esta última que le llevó a considerar toda su obra como un poema en constante recreación: Esto explica su actitud: «La dedicación de Pino a la poesía acaba sólo con su muerte», patente en su adiós poético: «Su último poema (...) no es más que una tésera al estilo tradicional romano, para colocar en la puerta de la casa...».

La condición humana del poeta es posible que explique algún aspecto de la originalidad de su poesía. En el apartado «la contradicción coherente», Antonio Piedra y Francisco Pino Jiménez, hijo del poeta, ahondan en la constante dualidad que, irreconciliable en teoría, el escritor confiesa sin ambages: «en cuanto a mi contradicción, diré que sí: que es algo evidente, que sin contradicción no hay personalidad». Eso explica la observación de los editores: «En cualquiera de sus manifestaciones vitales la contradicción satura los actos puntuales». Sin olvidar su sentimiento religioso, de honda pasión, pero documento personal de la de esa misma contradicción. No le fue ajeno este sentimiento ante la política, presente como documento literario en varios de sus libros. A todo ello hay que añadir su tendencia a la acracia, y «un sentido estético que iba más allá de los reglado». Todo esto explica su acercamiento a la utopía y el afán de convertirse en un ser distinto.

Esta condición humana tiene su justa correspondencia en el proceso poético, campo en el que consiguió su objetivo de «recalar en la poesía también como especie única», respetando un lema esencial: «por y para la poesía». Todo este sustrato humano esconde un fervor de autoexigencia imparable, materializado en correcciones constantes en un afán obsesivo de eliminar lo accesorio o vulgar. De ahí la extensión de su obra y, especialmente, la variadísima gama de registros expresivos. Esto ha obligado a los editores a llevar a cabo una tarea ardua: completar cada uno de los tomos con notas correspondientes a cada uno de los títulos incluidos.

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Esta condición estética hace casi imposible una clasificación objetiva de la poesía de Francisco Pino, que los editores dividen en cinco etapas. La primera correspondería al espacio cronológico entre 1927 y 1933 y está integrada por trece poemarios. La guerra civil puede servir de marco cronológico para la segunda (1935-1940) que incluye una producción casi desconocida hasta ahora. La tercera etapa, «Curso» puede localizarse entre 1940 a 1959, con poemas en los que predomina el sosiego y el clasicismo. La cuarta etapa es reflejo de un momento de crisis, fruto del temor del poeta a estarse «agusanando».