Diario de León

Un canario, autor de la obra inaugural de la literatura cubana

Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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La Loma del Ángel es una hermosa plaza de La Habana, de múltiples resonancias literarias, donde está la iglesia en que bautizaron a José Martí, circunstancia que queda registrada en una placa bien visible. Allí, en un ambiente mágico, conocí parte del hecho en que se basa mi cuento Genarín vive en La Habana . Y allí está también el busto de Cirilo Villaverde, el autor de Cecilia Valdés o La Loma del Ángel , la obra cumbre, según convienen prácticamente todos, de la narrativa cubana. Martí me llevó, al seguir sus pasos, hasta Cirilo Villaverde. El interés por la obra referida supuso una invitación a hacer mi propia interpretación de Cecilia Valdés en el congreso que se celebró en la capital de la isla caribeña en noviembre de 2008 sobre «Cuatro siglos de literatura cubana». La razón de este señalamiento temporal está en la publicación, en 1608, de Espejo de paciencia , de Silvestre de Balboa. Una obra poco conocida entre nosotros, ahora de más fácil acceso a raíz de la publicación (2010) en la colección «Letras Hispánicas», de Cátedra. Quien se responsabiliza de la edición, Raúl Marrero-Fente, afirma en una Introducción necesaria por esclarecedora: « Espejo de paciencia de Silvestre de Balboa es un poema épico escrito en 1608 para conmemorar el secuestro y liberación del obispo de Cuba fray Juan de las Cabezas Altamirano, ocurrido el 29 de abril de 1604 en las cercanías de la villa de Bayamo en el territorio oriental cubano. Es necesario recordar que Balboa sigue la tradición de poemas épico-religiosos dedicados al modelo del héroe cristiano-¦ Forma parte de la tradición de los poemas épicos breves, de preferencia por los temas contemporáneos. El poema sigue un desarrollo lineal teleológico, como corresponde a la épica de los vencedores».

El interesado puede recurrir igualmente, si necesita algunas referencias del autor, al número especial que la revista tinerfeña «La página» dedicó a la literatura canaria en una de sus últimas entregas. Y volviendo a la celebración de aquel congreso, a una edición aparecida con tal motivo, especial y divulgativa, de la obra, al amparo de la Oficina del Historiador de Ciudad de La Habana, en Ediciones Boloña (colección Raíces), con Prólogo y Notas de Enrique Sainz y basada en la que había preparado Cintio Vitier.

A pesar de ponerse las alpargatas y utilizar los lápices para tomar algunas notas, lo cierto es que las puras coincidencias enlazan con frecuencia acontecimientos. Y es que apenas un año después, acabada una visita a la catedral de Las Palmas de Gran Canaria, en una plazoleta cercana pude rememorar, por pura casualidad, al autor de esta primera obra de la literatura cubana, precisamente canario. Curiosidades de la vida y de la historia, pues no en vano hay entre las dos islas una estrecha vinculación cultural, cuyo análisis está ahora al margen de estas notas. Quede, como permanencia en nuestra isla, la presencia del «punto cubano» y la identificación, con sus lógicas variantes, entre sus verseadores, improvisadores o repentistas, de lo que sabe muchísimo un leonés que tantos afectos canarios profesa y recibe, Maximiano Trapero. Y ese hombre singular, Yeray Rodríguez, que desde la isla atlántica no pierde de vista nunca, y en ese tono, la isla caribeña.

V uelvo a nuestra plaza, hermosa y recogida Una placa nos recuerda: «En esta Plaza llamada entonces del Peso de la Harina vivió en el siglo XVI Silvestre de Balboa, autor de «Espejo de Paciencia», obra inaugural de la literatura cubana. Las Palmas, 1563-Camagüey, 1649». Me resulta inevitable reproducir el contenido de otra placa, con texto de José Lezama Lima, en calle principal de La Habana: «Al comenzar nuestra literatura, un libro se brinda con un título de fascinación mágica y severa [-¦]. Comenzar una literatura con un título de tan milenario refinamiento como Espejo de paciencia , título que menos que un esqueleto regala una nadería, nos sobresalta y acampa, nos maravilla y aguarda».

D e isla a isla, regresamos a la canaria, porque también en el entorno de la plaza por donde corrió de niño Silvestre de Balboa se respira, al menos históricamente, ambiente literario. En un hermoso edificio de otra plaza cercana nos encontramos con el que fuera «Ilustrísimo Gabinete Literario», hoy sede de una sociedad privada con entronque en las letras. La placa de la fachada es muy elocuente y explicativa: «En este sitio se levantó en 1840 el Teatro Cairasco, primero que tuvo Las Palmas de Gran Canaria, en un esbelto edificio neoclásico que luego ocupó también el Gabinete Literario, fundado en 1844», que ejerció un papel destacado en la vida de la ciudad. Fue su presidente durante cuatro décadas Manuel Padrón Quevedo, al que está dedicada una plazoleta lateral del edificio.

En fin, de mar a mar, de isla a isla unidas por la mágica fortaleza de las aguas, las letras y los sueños. Con lápices y en alpargatas.

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