APUNTE
Boas noites
La elipsis tiene una carga de significado que con frecuencia no consigue lo explícito y el detalle. La presencia literaria de microrrelatos y de ciertas estrofas poéticas, reducidas a mínimos, desde el punto de vista de la estructura, lo confirman. Hay un esfuerzo por condensar, por concentrar alcances, sugerencias por supuesto, que, además de su proyección de posibilidades y sentidos, requiere trabajar con precisión la riqueza de una lengua, la nuestra, tan variada y llena de matices, incluso geográficos, lo que, lejos de empobrecerla, la universaliza y fortalece.
Como siempre, sin embargo, la vida va por delante de cualquier otra manifestación. Toda la fortaleza y ejemplificación de los recursos lingüísticos es más fácil posiblemente encontrarlos en el uso vivo de la lengua que en no pocas de las teorías de los manuales, a veces con referencias lo suficientemente alejadas del alcance común, que se convierten en poco menos que inaccesibles. Recuerdo, para no enredarnos en elucubraciones, la metáfora, permanentemente utilizada en el lenguaje del día a día. Hay teorías de libro que a veces hacen imposible su comprensión. Definitivamente, en la calle reside la fortaleza de la comunicación, por más que algunos colectivos quieran reservarse claves para interpretaciones verdaderas pero exclusivas de estos grupos de endiosamientos y soberbias.
Supongo, y así me lo dicen, que la idea pueda trasladarse con parecida claridad al gallego.
Tengo un buen amigo en aquellas suaves y hermosas tierras, enamoradizo él y entusiasta de todas las manifestaciones que el amor propicia. Separado momentáneamente por razones profesionales del último amor de su vida, me enseñó el definitivo mensaje del día, como cierre amoroso de la jornada, llegado a su pantalla desde los espacios cibernéticos de la saudade cercanos al finis terrae . Tres palabras: «Boas noites, amor». En el brillo de sus ojos estaba todo el fulgor del sentimiento que suplía la ausencia. Y su respuesta estaba ya contenida, sin duda, en la propia pregunta.
Al amor le sobran los circunloquios, los vericuetos intrincados, la construcción de la frase artificiosa. En estas tres palabras están contenidos el deseo, el silencio y el sujeto. Todo lo demás fácilmente sobra al amor humanizado, sereno y tierno, encerrado en un mensaje que dice todo lo necesario. Lo esencial, como siempre, ocupa poco espacio. Lo necesario sólo exige las florituras del sentimiento. Y sobran para ello tres palabras. Tres. Todo un modelo de economía lingüística.