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MARTA PRIETO SARRO
León

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Caracteres

Teofrasto. Ed. Cátedra (col. Clásicos Linceo), Madrid, 2010. 192 pp.

Con este nuevo título, Caracteres , son ya siete los libros publicados por Cátedra en una nueva e interesante colección de textos bilingües a la que han dado el nombre de Linceo. Supongo que ese nombre, que llevaba uno de los argonautas cuya vista era proverbial, recoge el espíritu con el que surge esta colección que, sin duda alguna, será bienvenida, y cuánto, por todos aquellos dedicados o aficionados a las lenguas clásicas para los que no es fácil encontrar determinado tipo de textos en lengua original, sea latina o griega, como es el caso de este que nos ocupa.

Alberto Nodar Domínguez, joven filólogo clásico doctorado en Oxford, es el responsable de la edición de estos Caracteres de Teofrasto, de nombre real Tírtamo, pero a quien conocemos precisamente por el sobrenombre que le adjudicó Aristóteles («el de dicción de divina»), su maestro. Natural de la isla de Lesbos, fue discípulo predilecto del filósofo al que sucedió al frente de la escuela peripatética ateniense cuyas enseñanzas se desarrollaban en el entorno del templo de Apolo Licio. Los Caracteres son, además, su obra más conocida de las 3 que se conservan ( Historia de las plantas y Orígenes de las plantas son las otras dos) ya que el resto de sus escritos, que se saben muy numerosos, no se han conservado. La obra consta de un prólogo, que se considera espurio y se data en época bizantina al igual que algunos comentarios moralizantes, y la descripción, con una buena dosis de realismo, teatralidad y comicidad, de treinta arquetipos que comienzan con el falso y finalizan con el avaro e incluyen al pesado, el desvergonzado, el adulador, el eterno estudiante, el tacaño, el paleto, el fabulador, el inoportuno o el arreglalotodo.

La presente edición se compone una introducción, en la que se analizan aspectos de la vida y la obra de Teofrasto, con especial detenimiento en los Caracteres , a la que sigue el texto griego (que alterna con la traducción al castellano) anotado con gran cantidad de interesantes entradas que analizan aspectos morfosintácticos y semánticos. Finaliza con un amplio comentario general que se detiene en procedimientos literarios (descripción y narración, fundamentalmente) y retóricos; analiza los ambientes descritos y los aspectos teatrales y cómicos (puestos en relación además con la Comedia Nueva de Menandro, que probablemente fue su discípulo) y finaliza con un estudio sobre la transmisión del texto referido a la corrupción fonética, la entrada de glosas o los errores mecánicos de copia.

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A Jacqueline de Romilly, cuya muerte lamentamos la semana en la que yo escribo estas líneas, y también al maestro García Yebra les habría gustado comprobar que, con pequeñas contribuciones como esta colección, todavía hay esperanza para las lenguas clásicas y el humanismo entre la gente joven.