Nuevas aventuras y desventuras del inspector Müller

El gris
Javier Pérez. Ediciones B, Barcelona, 2010. 314 pp.
De nuevo se adentra Javier Pérez en el mundo de la Alemania de los años veinte, tiempo y espacio turbulentos que el novelista transforma en ambientación muy original. El comisario Müller sigue su peculiar andadura personal y profesional, como lo hizo antes en La crin de Damocles (2006) y La espina de la amapola (2008). Estamos por tanto de nuevo en un mundo exasperado socialmente, con Hitler llegando al poder y un partido comunista de gran relevancia social. No faltan personajes ya conocidos, como es el caso de Lothar Strahler y el del fiscal Karl Seidl, pero ahora con una función humana y literaria diferente.
En este mundo de la Alemania de 1923, Lothar Strahler aparece identificado ya en la contraportada de la obra: «ahora los mata con un punzón, a fin de apurar su última mirada, pero Lothar no es un asesino». La presentación del asesino (que no resta, sin embargo, interés al desarrollo argumental) será uno de los aspectos curiosos de la obra, en la que la condición humana tiene una relevancia especial. Lothar Strahler sufre las secuelas psicológicas de un accidente: un insomnio crónico que, junto a su condición de asesino, alienta sueños románticos y actitudes de gran delicadeza, como la que tiene con Hilde, una niña de cuatro años. O la relación sentimental con Magda, la mujer con la que se desposará, cuya semblanza será un buen motivo temático en diversos capítulos de la obra.
Como es obvio, tratándose de una novela negra, el comisario Müller, personaje familiar para los lectores de las obras anteriores, actúa de acuerdo con sus principios, pero responde ahora a condiciones diferentes. Curiosamente, entre Müller y Lothar Strahler se irá fraguando una relación casi de amistad, sorprendente sin duda. La búsqueda del asesino del estilete se convierte para Müller en una carrera plagada de obstáculos debido a que sólo existe una prueba, de condición onomástica y podológica: el nombre de Lothar y el número cuarenta y tres de su calzado. Paralela al dramático avance de la inflación en la Alemania de 1923, avanzan las pesquisas de Müller. A pesar del desarrollo armónico del argumento, convencional en teoría, el lector debe seguir con atención estas páginas. En primer lugar para captar los matices humanos de los personajes principales, muy bien logrados. En segundo lugar, porque la clave del verdadero desenlace no se hace evidente hasta mediada la última página. Incomprensiblemente, el comisario Müller se va la cama «y enseguida -”leemos-” se durmió, se durmió rápida y plácidamente, sin un asomo de cólera o remordimiento, porque el sueño es privilegio de los firmes, los seguros y los fuertes» (p.314). Aunque también gozaba de esos atributos Lothar Strahler... padecía insomnio crónico. He ahí la diferencia y la clave del juego final como remate de unas peripecias cuyo interés se mantiene vivo a lo largo de las páginas.