TIERRAS CERCANAS
Torrestío
El topónimo «Torre-estío» evidencia una antigua instalación militar, «torre de verano», por afluir allí, a Torrestío, vaqueiros de alzada y pastores trashumantes en busca de pastos. La torre se localizaba, arruinada, al Sureste del pueblo. «Estío» es abreviación de «tempus aestium», que quiere significar «estación veraniega».
Torrestío. «Es un lugar de paz y remanso, enmarcado en un anfiteatro de montañas que cierran un valle sugestivo».
El viaje es sugestivo, la carretera serpentea sus tres kilómetros entre altozanos a un lado y la pradería al otro. Las cumbres se hallaban salpicadas de nieve aunque por los prados pastaban las vacas las pocas hierbas que crecían entre las escarchas invernales. El riachuelo salta cantarín entre las piedras y por doquier fluyen corrientes de agua de los neveros.
A la entrada a la aldea, en la margen de la carretera se muestra una bella fachada de piedra sillería que se completa con edificación más moderna. La fachada perteneció a la casa rectoral de 1703, según reza su cartela. Aquí vivió aquel cura que hizo época en sus días, don Celestino, que sujetaba dos caballos bravos, uno con cada mano, tal era su fortaleza Cuando falleció su madre, no recibió ayuda de las gentes, él mismo cavó la sepultura y llevó la caja a cuestas hasta el camposanto.
Hay hórreos populares, con cubierta de teja o pizarra, nada menos que once hemos contado, las casas son de piedra de mampostería. Al lado de un lavadero de ropa se asienta un potro de herrar caballos y vacas. Casi no hay gente en el pueblo, muchos han bajado a la marina y no tornarán hasta bien entrada la primavera, con sus ganados y utensilios, así cumplen la tradición vaqueira. En el verano aún se puebla más la aldea con los veraneantes que acuden a la querencia vacacional; llegan también los niños del campamento.
La iglesia se yergue sobre el castro dominando el panorama. Desde su campa se contemplan los accesos de caminos hacia el puerto de Valvarán y a los lagos de Saliencias, y la calzada hacia el puerto de la Mesa. El acceso al campanario es exterior, de treinta peldaños de piedra sobre la torre de espadaña. En el ángulo hay un campanil y debajo dos campanas. La mayor no trae fecha, sólo que fue fabricada en la Casa Cabrillo de Salamanca; la otra, con advocación a Jesús, María y José data del año 1769.
El templo es hermoso, de piedra sillería y una sola nave con tres arcos fajones de piedra, bóveda de cañón en el presbiterio de piedra labrada y el resto de la nave está encalada. A lo largo de los muros corre una cenefa de piedra. La portada es muy bonita, neoclásica, con un alfiz en piedra. En el muro del atrio hay una cartela floreada con la fecha de 1737, indicadora de la reconstrucción. A los pies de la nave hay una pila bautismal, de un metro de diámetro, en piedra, con un pedestal cuadrangular, del siglo XVIII. Las imágenes son todas de escayola, sin valor artístico.
La fecha del Corpus es fija, el 17 de agosto, cuando la aldea está repleta con los vecinos, los veraneantes y las gentes vaqueiras que han venido de la marina.
Torrestío es lugar de paz y remanso, enmarcado en un anfiteatro de montañas que cierran un valle sugestivo por donde fluye el arroyuelo que más abajo será tributario del río Luna.
Torrestío vaqueiro
Por los puertos leoneses que lindan sus campiñas con Asturias se desparramaban en otras épocas los vaqueiros de alzada , habitando de abril a noviembre. Desde Ventana a Leitariegos por la Mesa, Valvarán, Somiedo, por Torrestío, la Sierra de Raña-
doiro, el Cordal de la Mesa, Cangas de Narcea, todo era terreno vaqueiro. Todo con historia pequeña, porque a los vaqueiros no les dejaron hacen la historia grande.
Los vaqueiros pertenecen a esos pueblos llamados «malditos», sembrados por la piel de España, como los pasiegos de Cantabria, los chuecas de Mallorca, de origen judío, los soliños de Pontevedra, de Cangas de Morrazo, que se dicen hijos de las meigas gallegas y los piratas normandos, los afiladores de Orense, de la comarca del Ramuín, que hablan un dialecto especial que llaman barallete.
Los vaqueiros montaban los fuertes caballos asturcones, y se les atribuye procedencia oriental, traídos a nuestra península por los fenicios. Otra versión sostiene que son derivados de unos prisioneros que trajo Alfonso I el Católico, yerno de Pelayo, que reinó por los años 739 al 756, y convertidos en siervos y esclavos se sublevaron en el reinado de Aurelio, en el año 770 y huyendo del castigo abandonaron las poblaciones ocultándose en lo áspero de las montañas y dando origen a esta etnia de los vaqueiros de alzada.
Se hallaban tan discriminados socialmente, que en la iglesia de San Martín de Luiña existió una viga con inscripción tallada que decía: «De aquí no pasen a oír misa los vaqueiros», y en el cementerio había un lugar reservado para vaqueiros.
Tenían prohibido por etnia trabar amoríos con los xaldos puros, con los labriegos y ganaderos asturianos. No se le ocurriera a un vaqueiro enamorar a una xalda, ni se le ocurriera a un xaldo enamorar a una vaqueira. Las venganzas de la raza eran terribles; como pasó a la vaqueira ahogada en el lago Covalancho de Torrestío por enamorarse de un xaldo.
Relación entre Trobajo
y Torrestío
Dice el Padre Risco en la España Sagrada , tomo XXXIV, p..49, que «Trageron pues desde Galilea a España a Nathanael, a quien Jesu-Christo honró con aquel ilustre elogio: Ecce vere Israelita, in quo dolus non est (He aquí un auténtico israelita, en el que no existe engaño alguno), y contraviniendo a la sinceridad y candor de este discípulo del Señor, fingieron una ciudad con el nombre de Treuga situada junto a León, donde le pusieron predicando el Evangelio hasta su preciosa muerte. Aquí depositaron sus huesos hasta el año 400, en que la irrupción de los Suevos los obligó a trasladarlos a lo interior de las montañas de León, donde los ocultaron en un pequeño pueblo llamado Torrestío» .
Fue el obispo Equilino quien dijo «Corpus humus Nathanaelis apud Treugensenm civitatem requiescit» (El cuerpo de Nathanael descansó junto a la ciudad de Treugensenm)».
El Padre Risco se burla de estas afirmaciones, que considera sospechosas imposturas. Sin embargo, el Cronicón de Dextro habla de uno de los setenta discípulos del Señor que descansó en la ciudad de Treuga, cerca de la Legio Septima Gemina.
Bivar cree que esta población es la que está en las Tablas de Ptolomeo y se llama Turiga.
Argaiz dice que Treuga estaba cuarto y medio de legua de donde se edificó después León, a la parte del Occidente entre la ciudad y la «hermita» de Nuestra Señora del Camino y que en las escrituras antiguas después de la entrada de los Moros se llamó Treugalio y Trebalio, y hoy Trobajo. Asegura que cuando Nathanael predicaba en Treuga comenzó a fundarse León y que los vecinos de Treuga fueron junto a los romanos, los primeros pobladores de la ciudad de León.
Esta figura de Nathanael no está bien aclarada en el Nuevo Testamento; tan pronto se le identifica con San Bartolomé como con San Matías, como con uno de los discípulos de Jesús a los que se apareció el Señor después de resucitado o con uno de los discípulos de la cena de Emaús (San Juan, 21,2).
Yo he situado el nombre de «Trobajo», tanto en numerosos escritos como en los libros que he escrito sobre el municipio de San Andrés del Rabanedo y Oteruelo, basándome en los estudios del gran medievalista Justiniano Rodríguez, como nombre derivado de judío Joseph Trebalio, gran acaudalado de la aljama de Puente Castro y propietario de amplias parcelas en Trobajo
Sería sorprendente que Trobajo fuese una ciudad llamada Treuga, que allí predicó Nathanael, que allí estuvo sepultado trescientos años y que ahora se hallen sus restos en Torrestío, tanto como para inaugurar otra peregrinación similar a la de Santiago de Compostela. En Torrestío no he visto lápida alguna en el pavimento de la iglesia con la inscripción a Nathanael.
En el Catastro de La Ensenada
Se prestan las Declaraciones el 6 de julio de 1752 por la Comisión formada por el párroco Diego Álvarez Estrada, los regidores Pedro García Quiñones y Gregorio Álvarez y los peritos Joseph Álvarez, Manuel García, Alonso García y el medidor Juan Antonio González. Toma juramento en forma de derecho el Juez Subdelegado de Su Majestad, que Dios guarde, don Pedro Antonio García de Bores y La Guerra y da fe el escribano real don Thoribio del Río. Costó la confección del Catastro de Torrestío 758 reales de vellón.
Declaran que Torrestío es Lugar de Realengo y pagan 2.000 reales a Su Majestad por derechos de Sisas, «Zientos» y Alcabalas.
Son 110 vecinos, casi todos de estado noble de hidalguía; alguno debe de haber de estado general, porque pagan un impuesto de bagajes de soldados, a la vez que conducción de pobres y caza de lobos, de 120 reales de servicio ordinario. El impuesto para sostenimiento de tropas, los de estado noble estaban exentos de pago, sólo lo satisfacían los vecinos de estado general. Hay 125 casas, una fragua, un hórreo, una casa de oficinas con cárcel y un hórreo de panera. La escribanía estaba vinculada al mayorazgo que goza Lope Álvarez de Saliencias, que la adquirió por servicio pecuniario.
Hay arrieros que portan carros de vino y ganan 300 reales y la mitad lo gastan en los viajes a Asturias y a las brañas en primavera y otoño con los ganados. Hay un herrero que gana 200 reales en tres meses, un tabernero y todos son labradores de «pancoger», ganaderos, pastores y arrieros.
Obtienen 7.500 reales del arriendo de los puertos Matamala, Cueto del Águila, Moro Negro, Traspando, a la duquesa del Infantado, pero tienen que dar 1.500 reales al marqués de Camposagrado. Con estos ingresos cubren los gastos del Común, excepto los Diezmos.
En estas fechas gozaban en Torrestío de una propiedad de 256 caballos de carga, 271 vacas, 206 terneros, 277 novillas, 77 yeguas, 121 potros, 127 ovejas merinas, 1.530 ovejas churras, 1.001 corderos, 312 carneros, 164 cabras, 40 cabritos, 16 cerdos, 530 cerdos de cría y 24 colmenas.
Tienen propiedades en Torrestío la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Torrebarrio, el monasterio de Cornellana, el santuario de San Roque de Torrebarrio, la Encomienda de San Juan de Villa Apañada de Asturias, la Colegiata de San Pedro de Teverga y Nuestra Señora de Procinero de Torrebarrio.
De los Diezmos lleva 1/8 parte el monasterio de Cornellana, el resto es del párroco y suponen en total 24 fanegas de trigo, 32 fanegas de cebada, 44 fanegas de centeno, 50 corderos, 18 arrobas de lana, 12 arrobas de manteca de vaca, una arroba de queso, y 800 reales del Diezmo de puertos. Esta es la tazmía pormenorizada que declaró el párroco, cumpliendo la orden del contador real, Bernardo Díez Paniagua, el 22 de mayo de 1754.
La primicia a la iglesia suponía 100 reales y el voto a Santiago de Galicia 130 reales.
Los gastos los especifican así: 32 reales al fiel medidor, 500 reales la festividad del Corpus Christi, 24 reales de testimonios, 124 en procesiones, 150 el salario del cirujano, 120 al maestro de primeras letras, 100 de apoyo a la Justicia, 100 al procurador general, 150 para la redención de frutos, 65 para montazgo y páramos para cortar leña, 100 para páramo y pasto, 100 para corta, a Barrio, 600 para la refacción de puentes, caminos y calzadas, 120 para bagajes de soldados, conducción de pobres y caza de lobos, 100 para «zera» de Semana Santa, 600 para refacción de la iglesia, ornamentos y aceite. Cubren todos los gastos del Común y aún les sobran unos pocos reales para vino en las facenderas, «dos tragos e non más».