Una obra atractiva pero de excesiva complejidad
Libertad
Jonathan Franzen. Traducción de Isabel Ferrer. Ed. Salamandra, Barcelona, 2011. 668 pp. Tercera Edición.
Ordenada la obra en tres bloques esenciales, marcados en negrita de cuerpo superior al texto (« BUENOS VECINOS , al comienzo de la obra, « 2004 », en la p. 231 y « LAGO DE CANTERBRIDGE ESTATES » en la p. 641) un preámbulo sin título acerca al lector a la justificación del recurso literario: « Se cometieron errores . Autobiografía de Patty Berglund por Patty Berglund (escrita a sugerencia de su psicoterapeuta)». Este último epígrafe se corresponde con el de la página 602, del mismo título, pero ampliado: « Se cometieron errores » ( Conclusión ). A esta particular estructura hay que añadir las abundantes acotaciones metaliterarias, especialmente en el « Capítulo 4: seis años », penúltimo de la obra: «La autobiógrafa, en atención a su lector y a la pérdida que ha sufrido (…) se propuso en vano escribir estas páginas en primera y segunda persona».
Hechas estas salvedades, hay que decir que Libertad es casi una novela—río, en la que coinciden los avatares de toda una saga familiar, los Berglund, formada por Patty y Walter y sus hijos, Joey y Jessica. Importancia especial tiene también el amigo de Walter Ricahard Katz, un rockero singular en otro tiempo, que ahora se gana la vida con actividades poco artísticas. Jugadora de baloncesto en su juventud y traumatizada por una violenta experiencia sexual, Patty trata de encauzar su vida, recordando la experiencia de su amistad con Eliza, «la chica trastornada». No es fácil la vida para Patty, que tiene que soportar la obsesión ecologista de su marido Walter, cuyo afán por conservar el pajarillo Cerulean Warblerle lo convierte casi en un obseso. De esta afición surgirán las relaciones con su ayudante Lalitha, de trágico desenlace. De ahí que Patty sucumba a una relación con Richard Katz, de consecuencias negativas. La dificultad de las relaciones familiares se completa con la triste situación sentimental de los hijos, Joey (casado con Connie e hijo preferido de Patty), y Jessica, más unida afectivamente a Walter, su padre.
El contenido esencial de la obra se incluye en las páginas que van de la página 43, «Se cometieron errores», hasta la página 640, final de esta autobiografía escrita por Patty. En estos cientos de páginas afloran con frecuencia las observaciones metaliterarias, reflejo de los titubeos que, inevitablemente, afloran en una obra concebida con fines psicoanalíticos. A pesar de todo, será el bloque final, «Lago de Canterbridge Estates», el momento en el que se patente desenlace, en simetría con el primero, «Buenos vecinos». Jessica será la responsable del final feliz en el que desem-
boca la obra. A pesar de ello, el lector no debe pensar que se halla ante una obra convencional, de final dichoso. Sería también exagerado y gratuito decir que el contenido de la novela puede considerarse como un microcosmos de la sociedad norteamericana de este momento. A fin de cuentas, la pérdida de valores, el desconcierto humano, el pesimismo gratuito… son elementos comunes a buena parte del mundo actual.
En la novela tiene también importancia especial el choque de generaciones, planteado desde una visión tradicional, aunque Patty en su autobiografía trate modificarlo. Lo apuntado, sólo un vago reflejo de la complejidad argumental y estilística, evidencia algo esencial: la complejidad creativa no siempre es fuente de atractivo para los lectores.