«Podríamos haber sido una sociedad feliz»
Vila-Matas regresa con una novela en la que homenajea al teatro y reflexiona sobre el fracaso.
AIRE DE DYLAN
Enrique Vila-Matas
Seix Barral. Colección Biblioteca Breve. 328 páginas

esteban cobo
Traducido a 32 idiomas, Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es uno de los escritores españoles con mayor reconocimiento internacional. Caballero de la Legión de Honor francesa, entre otros, el autor de la Historia abreviada de la literatura portátil y Suicidios ejemplares regresa con una nueva novela, Aire de Dylan (Seix Barral), en la que da una vuelta de tuerca y sorprende con un libro «raro», en el que homenajea al mundo del teatro, critica con ironía el postmodernismo y relata el duro contraste entre la cultura del esfuerzo y el creativo arte de encogerse de hombros y no hacer nada, todo ello contado a través de la relación de un padre y un hijo
Aire de Dylan, su vigésimo quinta novela, habla, además y sobre todo, de la obsesión por el fracaso. Vilnius, un joven postmoderno y atormentado, hijo del escritor Lancaster, vive con la losa del éxito paterno a cuestas y empeñado en completar un documental cinematográfico que recoja todos los fracasos de la Humanidad. «Al no poder archivarlos, él mismo se ha metido en una historia destinada al fracaso, que es una manera al final de no hacer nada, porque el proyecto es imposible de llevar a cabo», reflexiona el autor. Una idea, la del fracaso colectivo, muy presente en la sociedad actual, según el narrador catalán. «Nos hemos alejado cada vez más de lo que podríamos haber sido: una sociedad justa y feliz», señala. Según Vila-Matas, «nunca» hasta ahora había visto la situación tan mal.
«La cultura ha sido tocada de muerte. Será difícil recuperarse de estos golpes que están minando los logros que había conseguido la democracia española con la cultura», añade. Su última novela, que sale a la venta este martes en toda España, habla también de dos derechos, el de la contradicción y el de irse, que a su juicio es preciso reivindicar. «Lo hizo Baudelaire y fue el punto de arranque del libro», afirma. «El derecho a contradecirse es un derecho de libertad absoluta, de poder cambiar de gustos, de ideas... no encerrarse en el gusto propio. Y se hace poco», resalta. A su entender, hace años que «conocemos a los mismos políticos con las mismas ideas». «Yo mismo contradigo algunas de las cosas que he hecho en otros libros», añade
«Y hago, continúa, un gesto que considero muy Bob Dylan: la de no estar allí donde se le esperaba». «Creían que llegaría con un libro metaliterario, un Dublineses 2 y no. Se me esperaba de una forma y aparezco con otra. Es un gesto Dylan y me contradigo», reivindica. La novela es además dilanyana y hamletiana, según el autor, porque uno de los protagonistas, el padre, ha sido un escritor que ha sido muchos personajes al mismo tiempo, como el cantautor de Minnesota. «La novela se pregunta: hay que ser postmoderno y tener muchas máscaras o tratar de ser único y tratar de ser tú mismo. Es un enfrentamiento padre-hijo, dos maneras de ver el mundo», resume.
En Aire de Dylan, Vila-Matas ha abierto las puertas al cine y al teatro, que son viejas aficiones a las que les había negado el pan y la sal. «Me había quedado a las puertas de trabajar en ellas y las odiaba cordialmente, pero ahora pueden volver a entrar», dice. Director teatral en su juventud, además de cineasta, la novela bebe «un poco de la estética de los hermanos Coen, que son los cineastas con los que más me identifico como espectador». «Tengo una visión del mundo que se refleja en la novela porque es teatral, como un escenario del que nadie puede escapar porque el espectáculo es el único que hay en la cartelera».