POR cristina fanjul
Conjurados contra el pesimismo
l. Frente al desaliento reinante, un conjunto de autores reivindican la importancia de la literatura humorística. arrinconadas en ocasiones a favor de la gravedad, las grandes novelas cómicas y satíricas son el mejor remedio contra la mirada atribulada provocada por los datos del ibex y la prima de riesgo
nicola dale
Ignatius percibió que algunos atuendos eran lo bastante nuevos y lo bastante caros como para ser considerados sin duda ofensas al buen gusto y la decencia. La posesión de algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y de geometría de una persona. Podía proyectar incluso dudas sobre el alma misma del sujeto». La conjura de los necios es una obra maestra de la literatura universal, una fábula sin héroes ni villanos, en la que todos los personajes son absolutamente reconocibles y, por lo tanto, risibles, incluido Ignatius, un cruce genial entre la elocuencia a la que Tomás de Aquino dio voz en Elogio de la locura y el protagonista dual que Cervantes creó en el Quijote. El único fondo trágico de esta historia es que el autor, John Kennedy Toole, se suicidó, frustrado por un mundo editorial que una y otra vez rechazó una obra que ya está en el parnaso de los clásicos.
Han sido muchos los que, a lo largo de la historia, han definido al hombre como animal que ríe. En su obra La risa , Henri Bergson afirmaba que este atributo — «exclusivamente humano»— necesita, para producir todo su efecto, una anestesia momentánea de las emociones. «Se dirige a la inteligencia pura», destacaba el autor francés.
¿Cómo y dónde surgió la literatura de carácter burlón? Son muchos los que defienden que fue en la obra de François Rabelais Gargantúa y Pantagruel cuando comenzó la literatura burlona. De hecho, la perversión, la desmesura y el carácter carnavalesco que poco después irán apareciendo en la novela, tienen su origen en la obra del francés. Gargantúa y Pantagruel es un conjunto de cinco novelas publicadas entre 1532 y 1564 en las que el autor cuenta, en el contexto del Renacimiento, las aventuras de dos gigantes: hijo y padre, en una sociedad marcada por el antropocentrismo, el humanismo, el régimen político medieval y los dogmas de la Iglesia. Estos personajes, de enormes dimensiones, se definen por el elogio desmesurado que hacen de las funciones básicas del ser humano, a saber: comer, beber y defecar. Toda la historia se desarrolla en un entorno festivo en el que la risa difumina los discursos serios y ortodoxos de la iglesia y la nobleza.
Humorismo Sentimental
El Quijote abre, a su vez, una nueva era al convertirse en un lienzo humorístico y piadoso acerca de la sociedad cervantina y, por ende, del espíritu humano. La historia de la literatura está plagada de obras en las que la risa es protagonista absoluta y la mayoría de ellas tienen un denominador común: sus protagonistas son hombres. Ocurre con todas las obras de Moliére, en las que retrata uno a uno comportamientos y conductas de personajes de su época. Así lo hizo en El misántropo, El enfermo imaginario, El Tartufo , El médico a palos. .. y, más cerquita, el maltratado Jardiel Poncela («La historia es la mentira encuadernada), o Pedro Muñoz Seca —«Siempre fuisteis enigmático/y epigramático y ático/y gramático y simbólico/y aunque os escucho flemático/sabed que a mí lo hiperbólico/no me resulta simpático»—.
Pero, sin duda, la clase de humor la dan los británicos. Anagrama reúne en un solo volument lo mejor de los grandes. Esta antología incluye al maestro: P. G. Wodehouse (con la tarjeta de visita de Bertie Wooster y Jeeves, un dúo inmejorable), seguido por el inquietante Saki y el aceradamente irónico Evelyn Waugh. También acoge a Tom Sharpe, con uno de los memorables interrogatorios que el inspector Flint inflige a Wilt, el más célebre personaje del autor, a Roald Dahl, con un cuento de negrísimo humor que ha inspirado a Alfred Hitchcock y a Pedro Almodóvar, así como al gran Alan Bennet. De las generaciones posteriores no podían faltar tres autores ahora tan consagrados como Julian Barnes, con su inigualable don del understatement , Martin Amis y Ian McEwan (con dos relatos con episodios sexuales «para mayores con reparos», como recomendaba en su día la censura), ni tampoco una muestra de los desternillantes «autoestopistas galácticos» de Douglas Adams ni una impagable demostración de la pasión por la música pop de Nick Hornby. De este último es Alta fidelidad, que nos traslada al universo de un Peter Pan contemporáneo, incapaz de comprometerse con nada que no sean los vinilos que no es capaz de vender, rondador de ex novias y nostálgico de los ochenta: «Y yo, ¿qué? Soy como la mayoría, un simple peso medio. No soy el menda más brillante del mundo, pero está claro que tampoco soy el más soso: he leído novelas como La insoportable levedad del ser o El amor en los tiempos del cólera y las he entendido, o eso creo (porque trataban sobre las chicas, ¿no es eso?), aunque tampoco es que me gustaran demasiado...»
Mario Vargas Llosa se aventuró también en la literatura cómica en la obra Pantaleón y las visitadoras, una sátira en la que se encomienda a Pantaleón Pantoja la creación de un ejército de prostitutas para hacer más llevadera la vida de los soldados en la selva peruana.
Y, de nuevo Rabelais, pero esta vez a través de Eduardo Mendoza que en la novela Sin noticias de Gurb representa con carácter grotesco la ciudad de los prodigios: «Es el libro más excéntrico de cuantos he escrito. No hay en él una sola sombra de melancolía. Es una mirada sobre el mundo asombrada, un punto desamparada, pero sin asomo de tragedia ni de censura», decía.
En el capítulo bélico-histórico, otro antihéroe que consiguió mostrarnos las tripas de la I Guerra Mundial con una veracidad, amenidad y humanidad que ningún libro de historia podrá igualar jamás es El buen soldado Svejk , libro de Jaroslav Hasek en el que un recluta checo sin ningún ardor guerrero llega a las máximas cotas de gloria. Y para terminar, tres auténticas delicatessen del maestro Italo Calvino. Atención a sus argumentos: El barón rampante (un niño noble decide subirse a un árbol y no bajar nunca más), El vizconde demediado (esto es, literalmente partido por la mitad) y El caballero inexistente (sobre una armadura que camina por sí sola). Tronchantes.