poesía
En este rincón del bosque
poesía completa Edward Thomas Traducción de Ben Clark, Linteo, Orense, 2012. 424 páginas.

En la exquisita y exigente colección de poesía Linteo que dirige Antonio Colinas aparece, por vez primera en español, y en edición bilingüe, la Poesía completa de uno de los principales poetas ingleses del pasado siglo, Edward Thomas. Nacido en Londres en 1878, es uno de los War Poet, aunque sus poemas no se refieran a la primera guerra mundial que, en una explosión, se lo llevó violentamente por delante en 1917.
Se había dedicado a reseñar incansablemente a sus contemporáneos como modo de ganarse la vida y sólo en los dos últimos años se puso a escribir poesía, con una voz madurada por una vida difícil, sofocada por frecuentes depresiones, y por las muchas lecturas de los poetas del momento; entre estos, uno fue su instigador poético e íntimo amigo, Robert Frost.
El traductor español de la poesía completa de Thomas es otro poeta, Ben Clark, el cual destaca el profundo sentido ecologista que brota de la poesía del inglés, la cual «nos devuelve a la naturaleza, a la naturaleza armónica, compatible con el hombre, ajena al hombre, independiente del hombre». Así es.
Los poemas de Thomas rezuman el gozo de lo natural: un bosque en la colina, el nítido noviembre («no hay uno que tenga los cielos más limpios»), el alegre marzo, cuando regresa la primavera y el sol llena cielos y tierra «con una gran luz y una gran ternura», y cuando cae el granizo «como si el poderosos sol llorase lágrimas de alegría».
Todas las estaciones son propicias, como son deliciosas todas las plantas y encantadores los cantos de los pájaros, los caminos bajo los árboles, el caer de las hojas, el ruido suave del viento y la lluvia o el ruido de la tormenta o como es misteriosa la cabaña del monte o la casa solariega. El bosque y la colina se convierten en verdaderos espacios fundacionales como diría nuestro poeta Antonio Colinas.
El poeta goza, en medio de lo natural, todas las sensaciones: la caricia de la luz o de la lluvia, el olor del heno, el zumbido de las abejas, el piar del jilguero, el silencio de la nieve, el color de las violetas… Leyendo la poesía de Thomas respiramos el sueño del paraíso primero, ajeno a la intervención del hombre, la belleza de lo natural en su estado primigenio. Acaso el poeta quisiera soñar en su poesía un paraíso habitable que compensara los horrores de la guerra, un paraíso cuya riqueza estuviera al alcance de la mano y de los ojos, pleno de felicidad y belleza.