Diario de León

poesía

El mar que llevo dentro

lenguaje del mar José Mármol XII Premio Casa de América de Poesía Americana, Visor, Madrid, 2012. 68 páginas.

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josé enrique martínez
León

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Sin el mar, buena parte de la mejor poesía no se hubiera escrito. Sin el mar, no habríamos podido leer, por ejemplo, El contemplado de Pedro Salinas, ni El gran Océano del Canto genera l de Neruda, ni la Soledad del farero de Cernuda. Sin él no se habría escrito Lenguaje del mar, del poeta dominicano José Mármol, que es el objeto de esta reseña.

La mirada del poeta se llena de olas, de arena, de sal. Sí, el mar es de nuevo el contemplado en sus vaivenes, en su luz, en el bamboleo de las palmas en la orilla, en el brillo de los cuerpos sensualmente tendidos en la arena y, sobre todo, en el espejo de unos ojos cercanos y «en el quejido breve de tu voz cuando te amo». Es hermoso el mar en cada poema y hermoso cada poema del mar en el libro de José Mármol, un mar de palabras también que nos abren las puertas a todos los mares reales, imaginarios o metafóricos.

Acaso ningún otro paisaje haya suscitado tanta simbología o tanta imaginería como el mar. Lenguaje del mar es, como dice la contracubierta, una gran metáfora: «bahía del deseo», albergue de ilusiones, naufragio del vivir, abrigo del recuerdo y fuente de la nostalgia, de lo que «no pudo, corrosiva, la memoria eternizar», alimento de la esperanza, pero también de la soledad; y, sobre todo, el mar despierta un sentimiento solidario con los tocados por la pobreza, con los que viven «a merced de la escasez», con los que en sus barquichuelas «navegaron el nervio de la noche, para nada», con los «seres extraviados en la ruta sin señas de los desesperados».

El mar es, a la vez, metáfora de otros mares, principalmente de «el mar que llevo dentro / el mar de mis ensueños y mis largas vigilias», el mar que nació con uno y que el poeta quiere tener en su noche como techo de su tumba.

Y es también imagen de muchas otras imágenes. En sus aguas se reflejan los cuerpos excitantes del Caribe y el poeta deja que sus palabras se impregnen de sensualidad: «Descomunal el fuego anudado en sus caderas», «un acordeón de muslos, pantorrillas y glúteos», «los muslos palpitando, resbalosos y firmes»...

En diferentes ocasiones he expresado mi convicción de que la gran poesía de nuestro tiempo brota al otro lado del océano. La poesía nuestra es previsible en general; la de allá es voz expandida y suelta, como si llegara sin buscarla. Si cada buen libro de poemas es un pequeño milagro, Lenguaje del mar es el milagro de la capacidad y la sorpresa.

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