el territorio del nómada | ERNESTO ESCAPA
El último puritano
JORGE SANTAYANA (1863-1952) ES QUIZÁ NUESTRO ESCRITOR CONTEMPORÁNEO MÁS UNIVERSAL. POETA, NOVELISTA Y FILÓSOFO EN INGLÉS, RENUNCIÓ A LA CÁTEDRA DE HARVARD EN 1912 PARA PASAR EL RESTO DE SU VIDA ERRANTE POR EUROPA. TRASPLANTADO DE ÁVILA A BOSTON, MANTUVO HASTA EL FINAL SU NACIONALIDAD ESPAÑOLA
Jorge Santayana no obtuvo el Pulitzer por carecer de nacionalidad americana
Aquella despedida radical del esplendor universitario, cuando estaba a punto de cumplir el medio siglo, le permitió dedicar su tiempo a ver mundo y a elaborar la parte de su obra que apreciaba más, una vez desprendido de los compromisos académicos. Como huésped errante, vivió en París, Oxford y Roma, sin descuidar las visitas estivales a Ávila, que se prolongaban placenteramente en una dehesa junto al Adaja. Ávila seguía siendo la ciudad de los místicos y de los caballeros renacentistas, que la poblaron de conventos y palacios. El ámbito en que brota la estancia teresiana y donde perpetúa su esplendor vencido el príncipe Juan, pero también el refugio acogedor para la hermana del poeta Keats o para la amante de Larra.
HUÉSPED DEL MUNDO
Aquella Europa de entreguerras fue el escenario de encuentro con sus alumnos americanos más brillantes, como Eliot, Gertrude Stein o Wallace Stevens. También el tiempo de sus primeras aproximaciones al mundo intelectual español, que siempre lo miró con recelo, porque hablando perfectamente nuestra lengua escribía en inglés. Ortega acusa los desplantes a sus maestros alemanes, cuyos excesos Santayana considera «pura barbarie». Aunque será Revista de Occidente la publicación que primero dé noticia de su perfil, en un magnífico ensayo de Marichalar, marqués de Montesa y tío del duque destronado. Con Unamuno tenía una relación menos espinosa y se cartean con alguna frecuencia, aunque luego el rector se refiera a él como «ese protestante de Boston». Será Juan Ramón Jiménez quien se muestre más generoso con sus intuiciones poéticas, mientras Guillén lo visita en los años finales de Roma para agradecerle su versión al inglés de uno de sus poemas.
Pero, ¿quién era este escritor singular, nacido en Madrid y radicado en Ávila, que hizo toda su obra en inglés sin perder nunca la nacionalidad española? Su madre, viuda de un acaudalado comerciante de Boston, se volvió a casar con el padre de Jorge, un diplomático indolente a quien había conocido de joven en Filipinas. Pero la nueva relación no cuajó y a los pocos años la madre retornó a Boston con sus hijos americanos. Luego, les siguió el pequeño filósofo, para estudiar en Harvard, mientras el padre permanecía varado en Ávila. Más tarde, una hermana se casó con un hacendado abulense, abuelo de la modelo Inés Sastre, y el escritor recalaba los veranos en Ávila, donde conservaba la casa de su padre en la plaza de Santa Ana. Por Navidades, Santayana enviaba a sus sobrinos el aguinaldo en dólares o libras.
MUDANZA Y DESARRAIGO
Al morir su madre, Santayana decide abandonar la cátedra de Harvard para volcarse en su obra, lejos del corsé académico. Su obra filosófica conjuga tradición y pragmatismo, fuentes clásicas y expresión moderna, en una síntesis fecunda del legado europeo y de la experiencia americana. «Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo» es una de sus advertencias. Su escritura es brillante y muy sugestiva, abriendo en la filosofía un cauce expresivo fecundo, en cuya estela se inscribe una pensadora como María Zambrano.
Después del aviso de Juan Ramón, su poesía tuvo que esperar más de medio siglo para ser publicada en español, traducida por Alonso Gamo. La contención ascética que se le reprochaba entonces resulta ahora una destilación esencial, sin adherencias superfluas. Su novela El último puritano (1935) es uno de los títulos clásicos de las letras americanas. La tradujo enseguida Ricardo Baeza, aunque los años de la guerra pospusieron su publicación hasta 1940, en Buenos Aires. Fue un éxito de ventas y de crítica, que no obtuvo el Pulitzer por carecer el autor de nacionalidad americana. Sus capítulos se llaman peregrinaciones y se inscribe en la órbita de ficciones intelectuales como La montaña mágica o En busca del tiempo perdido . Con un manejo singular de los resortes narrativos, critica la parálisis moral ocasionada por el puritanismo americano.
Quizá la lectura de Santayana más atractiva para un lector actual sea su autobiografía Personas y lugares , un texto delicioso que recoge la memoria vivaz de su trayectoria desde la infancia a su vejez romana. Combina impresiones personales y reflexiones cargadas de sabiduría sobre la familia, la cultura, la universidad, la filosofía y los desprendimientos. Vivió sus últimos once años en una habitación del Hospital de las Hermanas Azules, en Roma, hasta que una caída en las escaleras de la Embajada de España precipitó su muerte. Ya estaba enfermo de cáncer y a punto de cumplir los noventa años, pero ni siquiera entonces dejó de cumplimentar el papeleo para mantener su nacionalidad española.