Aquellos libros de la infancia
l. Xavier Gassió rescata en ‘Los niños de Franco’ los textos y objetos de escolares que ya han cumplido los 50. Libros como la enciclopedia álvarez o el parvulito, álbumes de cromos como ‘vida y color’, los cuentos de la editorial molino, las aventuras del capitán trueno... xavier gassió ha retratado en ‘los niños de franco’ a varias generaciones escolares en aquella españa «de ricos y de pobres» como la define eslava galán

Portadas de cómics muy populares en los años cuarenta, cincuenta y sesenta.
Sostienen los expertos que las primeras lecturas son decisivas para los niños. Libros iniciáticos, que despertarán su pasión por leer o les alejarán para siempre de uno de los placeres del que nada quieren saber la mitad de los leoneses (según las encuestas). A sus 80 años, Antonio Gamoneda no ha olvidado las páginas del libro con el que aprendió a leer. Era el único que había en su casa, un poemario muy especial, titulado Otra vida más alta, escrito por su padre.
Pero el camino que conduce a la literatura también discurre por los libros de texto. Como la inolvidable Enciclopedia Álvarez, que marcó decisivamente a los niños de la postguerra; la caligrafía Rubio y El Parvulito , a las generaciones de aquel Bachillerato ‘de las reválidas’; o Senda, a los escolares que estrenaron un plan de estudios llamado BUP. «Los ministros de Instrucción Pública debían tener poco trabajo, como no fuera el de cambiarnos los planes de estudio. A los chicos que aprobáramos tercero y quisiéramos pasar al cuarto de bachillerato nos ponían ahora una reválida», escribía Antonio Pereira en Cuentos de la Cábila.
Xavier Gassió hace un recorrido ilustrado por la infancia y el aprendizaje de la vida de los niños que vivieron durante los tiempos del dictador: juegos, sellos, anuncios, fotografías escolares... Con prólogo de Juan Eslava Galán y con un DVD de imágenes de ‘los tiempos del NODO’, el libro Los niños de Franco (Lunwerg) permite echar un vistazo nostálgico a la cartera del colegio de unos escolares que hoy tienen entre 50 y 75 años.
El escritor y académico leonés Luis Mateo Díez reconoce que el mundo rural de su infancia le dio sensibilidad para contar. El autor de Fábulas del sentimiento ha desvelado que la experiencia de la niñez en el campo le brindó «la cercanía de lo cotidiano».
Luis Mateo evoca sus memorias escolares y la infancia de su generación en uno de los relatos de La cabeza en llamas. También en La gloria de los niños el escritor lacianiego indaga en el paraíso secreto de la infancia. «Como lector», ha afirmado, «me formé en la biblioteca, un sitio maravilloso para el aprendizaje de la lectura». El creador de El expediente del náufrago lamentó que los niños «en este mundo tan complicado, no tienen tiempo y, al carecer de tiempo, no pueden leer, lo cual es el colmo de la miseria».
En alguna ocasión Luis Mateo ha revelado que su gran libro de la infancia fue Corazón, de Edmundo de Amicis y que La corte de los milagros, de Valle-Inclán, supuso un auténtico descubrimiento en su juventud, sin olvidar El árbol de la ciencia, de Pío Baroja. También entre los libros ‘iniciáticos’ del autor de Las estaciones provinciales figuran Las crónicas del Sochantre, de Álvaro Cunqueiro; El camino, de Miguel Delibes; y El Jarama , de Rafael Sánchez Ferlosio. Pero al creador de ese universo mágico que es Celama le influyeron también decisivamente algunos de los grandes narradores latinoamericanos, como Juan Rulfo o Borges, sin olvidar a los rusos.
«Leía mucho, soñaba con ser escritor» –confiesa en Cuentos de la Cábila Pereira, quien ya en su adolescencia se había adentrado en los libros de Rilke, Campoamor y Pemán, «que era muy admirado por mi padre».
Cuando nace un escritor
«¿Cómo nace esa sensibilidad capaz de dotar al escritor de una percepción rica, llena de matices, de rasgos distintivos, de notas coadyuvantes, sin la cual es muy poco posible la expresión literaria? Y, sobre todo, ¿dónde? ¿en qué lugar? ¿a qué edad? Creo que estas cosas, como casi todas las que verdaderamente importan, se adquieren las más de las veces en la infancia y se adquieren de modo involuntario y aún a regañadientes», escribe Juan Pedro Aparicio en Qué tiempo tan feliz’.
El escritor y académico leonés José María Merino cree que los primeros libros «son muy importantes porque forman el gusto literario». A él le marcaron Las aventuras de Tom Sawyer y La isla del tesoro. «Creo que los primeros libros te orientan a ser o no un buen lector». Merino, autor de tres obras para niños (la trilogía del Cuaderno de hojas blancas ), la trilogía para adolescentes (las Crónicas mestizas ) y un relato para jóvenes ( No soy un libro ), recuerda que el primer libro que leyó fue Heidi. «Hoy tal vez los niños no encontrarían lo que yo en aquel libro. No tengo inconveniente en recomendar a Harry Potter. Lo importante de un libro es que despierte su sensibilidad y les haga conocer el mundo. Leí uno de Harry Potter, antes de que fuera un fenómeno de masas, y me gustó. Es muy novelesco. Pero hay un panorama muy interesante de literatura para niños».
Aquellos niños, aquellos libros
Los niños de Franco recorre la historia de España a través de los objetos y libros cotidianos de los niños que crecieron con los Juegos Reunidos Geyper. A través de 400 imágenes, el autor evoca cómo era la escuela, la religión, el ocio, los juegos, las tradiciones, la familia, los juguetes, los tebeos, los cromos...
Xavier Gassió hace un recorrido nostálgico por unos años en los que prácticamente todo, incluido pensar, estaba prohibido. Los cromos de Vida y Color , las huchas de con cabeza de negritos y chinitos del Domund, la baraja de familias del mundo, los recortables, los tebeos, los juegos de magia, las bromas que se vendían en unos quioscos en los que se cambiaban revistas y las populares novelas de Corín Tellado y Marcial Estefanía... A través de las páginas del libro de Gassió es posible reconstruir aquellos tiempos y hasta volver a oler los objetos que un día fueron tan cotidianos y hoy resultan incomprensibles para quienes no vivieron los años de la España doblegada por la dictadura y la Iglesia. El libro, como todos los que publica la editorial Lunwerg, está cuidado desde la portada a la última página. Una obra absolutamente recomendable para todos los que vivieron aquella época y los que deseen investigar en la infancia de sus padres y abuelos.