Diario de León

poesía

No basta con beber un vaso y otro vaso

caleidoscopio José María Micó XV Premio Poesía Generación del 27, Visor, Madrid, 2013. 80 pp.

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josé enrique martínez
León

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B reves Destellos -así se titula una sección- son los poemas de José María Micó (Barcelona, 1961) en su premiado Caleidoscopio. El poeta observa a una mujer nadando como si contemplara la belleza y la plenitud del infinito en la finitud del cuerpo hermoso, «su extraña plenitud entre infinitos». De igual modo, una bien aderezada con alguna imagen más o menos aguda pueden redondear el poema breve, como un cofre bien adornado que albergue dentro alguna chuchería o, en los casos mejores, una joya, como ese vaso de agua que acaba conteniendo «una satisfacción que no se colma», porque «mañana volverán la sed y el agua». En otra ocasión, el poeta pasea por un jardín con estatuas cesáreas, con ruinosas estatuas que miran, como el poeta, los nuevos frutos arbóreos con su luz y su belleza, mero contrate entre el pasado y el presente, la piedra y la vida sometidos a «la horca del tiempo». Y si el poeta comienza un poema evocando a Ausias March e intuyendo un ininteligible entendimiento con el poeta medieval, decepciona que se deba, tras mucho pensar, a que «los dos hemos visto a unos chiquillos / corriendo por la plaza, / ociosos y felices, / premiados con la lepra de la vida»; realmente, este parentesco se puede tener con cualquiera, se llame como se llame.

En otra sección los poemas se reducen a uno o dos versos. Es la moda del micropoema, que puede ser resumidor y agudo, como la definición metafórica de «Isla»: «Tierra para la sombra de las alas en vuelo». Todo el libro va organizado en secciones independientes con el único hilo de unión de la firma del autor y de una tonalidad semejante. Una de ellas es «Sonidos», con buenas letras de tango y un excelente poema evocador de un cantor de bulerías cuyas notas de guitarra «silencian, acompasan, acarician».

Aquí y allá se pueden encontrar frutos logrados, como el poema en el que el poeta traduce la congoja que produce la insaciabilidad del deseo, pues «para esta sed no basta con beber un vaso y otro vaso». Desde mi punto de vista, la sección más interesante es «Momentos», vividos en distintas horas de la noche y del día, en la mirada del caminante contempla la lujuria de la noche, cómplice involuntario de la miseria, la falsedad y la extrañeza. Es la poesía de Caleidoscopio un conjunto de poemas sueltos —de ahí tanas secciones—: perlas sin collar, de todas las hechuras de todos los precios, de joyería y de bazar.

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