POESÍA
Fuera o dentro, ya no importa
HABITARÁS LA CASA Reinaldo Jiménez Premio XIX Bienal de Poesía Provincia de León, Diputación de León / Instituto Leonés de Cultura, León, 2013. 70 pp.
Granada es tierra privilegiada por la poesía. De allí llegó Reinaldo Jiménez con Habitarás la casa , título que deriva, por negación, de un verso de Claudio Rodríguez: «Y nunca habitarás la casa». Desde mi punto de vista, el gran poeta zamorano impregna la poesía del granadino, si ponemos el oído a versos como estos: «Indaga en los matices lo que / en su intención primera el mundo no te muestra / y que es fervor, impulso palpitación del día».
Reinaldo Jiménez propone, en efecto, mirar lo palpable, la tierra, lo que emite seguridad, y ahondar en sus certezas, como lo es el sentirse asentado en un espacio propio, que al interiorizarlo resulta intemporal, de modo que en él «nada dice el río de la muerte». Se respira el deseo de comulgar con el mundo, de penetrar en él y de que él nos penetre. Por otro lado, la contemplación de la naturaleza induce a ir más allá de la mera percepción; el poeta propende a trascender la materia por vía reflexiva, aunque no siempre sea preciso, pues a veces lo natural es la verdad más cierta: una bahía, por ejemplo, desprende tal equilibrio que «no busca nada aquí la trascendencia», porque cuanto se contempla es ya «el inventario de la plenitud».
Quiero centrarme ahora en la casa que da título al poemario: «La casa, como el árbol, / que nos creciera dentro no se habita. / Invocamos su ser, el puro símbolo, / el ascua umbilical / que no se extingue nunca. / Contra esa casa nada puede el rigor del tiempo». Nada puede el tiempo contra la casa de la infancia a la que se refiere el poeta, pues como explicó Bachelard, esa casa no es sólo un espacio físico, sino un albergue de sueños, de imágenes y de recuerdos, y aunque haya desaparecido, permanece viva en nosotros, en nuestros sueños. La casa es uno de los centros vitales del hombre, un espacio de protección frente a las hostilidades de fuera; pero el hombre acabará tomando conciencia de que él es el verdadero centro, que la casa habitada es uno mismo, que allí donde uno esté, allí estará su casa: «Abraza la intemperie, la vastedad del mundo.../ Estará fuera o dentro. / Ya no importa: / Habitarás la casa». Hay en el poemario de Jiménez el impulso de gozar el mundo, de vivirlo con alegría; hay gratitud también hacia el mundo por lo que nos ha ofrecido. Y todo ello con un verso melodioso, de emoción contenida que permite dar curso a la reflexión serena y reposada.