POESÍA
La savia altiva del deseo
cuerpos en desvarío Gaspar Moisés Gómez XXVIII Premio Cálamo de Poesía Erótica, Cálamo, Gijón, 2013. 32 pp.
Poeta antes que cualquier otra cosa, Gaspar Moisés Gómez reaparece de vez en cuando con un poemario revelador de su alta condición lírica, apenas reconocida más que por un grupo de fieles entre los que me cuento. Abulense de nacimiento y leonés de siempre, vive recluido en su ámbito creativo, entre la pasión y la ardorosa agitación cerebral que lo trae a mal traer. Pero la poesía no cesa, y a sus once o doce poemarios hay que agregar incontables cuadernos que esperan pacientemente que alguien les eche una mano. Debo recordar aquí dos de aquellos libros: Al filo del alma (1982) y su complementario, Al filo del cuerpo (1986), exaltación de la parte carnal del hombre, con cierta veta de transitoriedad, pues si hay algo que impregna la obra del poeta es el sentido temporal de la existencia. A la versión poética de la pasión carnal pertenece el nuevo libro, Cuerpos en desvarío , que reúne armoniosamente poemas de distintas épocas.
Si el asunto esencial de la poesía de Gaspar Moisés es el hombre, aquí centra su interés en una parte, el cuerpo, pero no cantando simplemente el placer fugaz de la cópula, sino con muchas otras implicaciones que pueden sintetizarse en dualismos como pasión y tiempo, estremecimiento y muerte, atracción e imposibilidad, soledad y deseo, sexo y belleza, etc. La cumbre de la posesión y la más enfebrecida intimidad no ocultan lo que conllevan de abatimiento y hasta de fracaso, entre el cielo alcanzado y el desaliento de su consunción. Por otro lado, el erotismo implica a dos sentidos principalmente: la vista que se recrea en el «bello valle» que reside «entre el incendio de las piernas» y el tacto que acaricia y siente el calor de la otra piel, del otro cuerpo, casi como si nos perteneciera en un instante de exaltación. Las manos, los labios y la lengua ejercitan ese sentido de la caricia y el tacto erótico. El más hermoso poema del libro, entre amistad, complicidad y humor, es, para mi gusto, el requerimiento a Antonio Gamoneda de «un gramo solo, mágico» de «las cantáridas excitan la lujuria» en su Libro de los venenos, con el fin de reverdecer el sabor de la perdida juventud.
El encendido erotismo amoroso del libro de Gaspar Moisés nos reenvía al Edén primero, pero, como aquél, también el placer es pasajero, índice de la fugacidad misma del ser. «Eternidad efímera» es el amor, la lujuria, la pasión, según canta uno de los más altos y enardecedores poetas eróticos de nuestro tiempo.