Felipe Zapico / Poeta, profesor, músico, actor...
«La infamia triunfa cada día»
El polifacético creador leonés, en un gran estado de forma, hace balance y recupera textos de su juventud. Cuatrero del verso, valvulista del estribillo, redactor de manifiestos llenos de indisciplina y subversión, amante de la verdad y de la gente que no se doblega, Felipe Zapico es una ‘rara avis’ que no para de crear. Aquí repasa sus claves vitales

Felipe Zapico
Actor, limpiacristales, jefe de sala de bingo, montador de plazas de toros portátiles, estanquero, camarero, mozo de espadas, mánager de grupos musicales, gestor cultural, fotógrafo, bloguero, voz de los míticos Deicidas, autor de poemarios como Tragos , Litro de versos , Balances parciales o Ladrón de peras ... Zapico es eso y más cosas, pura terapia creativa con vistas a la supervivencia y al humor en medio de un mundo que se desmorona... y siempre al margen.
—Ahora que ha vuelto la mirada a estas ‘Cosas’ ya algo lejanas, podemos remontarnos a sus inicios como creador: ¿Cómo los ve ahora, desde la perspectiva que dan los años? ¿Cuáles eran sus primeras inquietudes?
—Cuando volví a leer Cosas , muchos años después de haberlo escrito, la verdad es que lo sentí totalmente actual y además suscribo, hoy en día, lo que pensaba con 20 años: no es que yo no haya evolucionado, es que el sistema se ha degradado brutalmente. El mundo es un lugar terrible donde campan la injusticia y la desigualdad, y la solidaridad y fraternidad ni están ni se las espera. Con 20 años ya quería cambiar profundamente la sociedad, que consideraba opresiva, no me creía el tocomocho de la llamada ‘transición’ y denunciaba que estábamos instaurando un sistema que sólo buscaba la solución personal, grandes empresarios con políticos mamporreros en todos los ámbitos, de la ciudad a la nación, buscando un sistema de vida a la vez inmoral y delictivo. Y así estamos, esperando a que lo suyo prescriba o les indulten. La infamia triunfa cada día y la justicia es algo desconocido.
—¿Qué quería ser de mayor el niño Felipe Zapico?
—De pequeño quería ser militar... pero la cordura me duró poco tiempo y ya me quedé con la idea de ser el Llanero Solitario, que ayudaba a los indefensos contra los poderosos. A eso jugaba en el patio del colegio. Después todas las ilusiones se fueron incinerando, una a una, para ser sustituidas de tanto en tanto, que si periodista, leñador, esquimal, incluso profesor, y mira, eso sí me fue concedido. Hoy también tengo cosas que quiero ser de mayor, perseguir grullas en sus migraciones, observar toda clase de plantas en sus floraciones, medir la mareas contra los acantilados, y siempre en huida.
—¿Cómo fue su encuentro con el rock? ¿Un amor apasionado, un darse de morros contra él? ¿Qué le da la música frente a la poesía, y viceversa?
—Pues creo que me di de morros con él. No sé, en aquellos tiempos ponías discos en las sinfonolas de los futbolines, y la verdad es que siempre tenían una programación estupenda. Después la casette rulaba de mano en mano. La radio fue algo muy importante, en el ámbito local tengo que reseñar Ensalada y desde luego a nivel nacional el nacimiento de Radio 3 resultó algo vital para conocer la música que se hacía fuera del mercado, en los márgenes. Y precisamente en la cubierta del cuaderno donde escribí Cosas tengo apuntados los números de teléfono de esas radios, puesto que llamaba bastante a sus programas. La música me da el espectáculo, el acorde, el ritmo, la sonoridad y el trabajo en equipo... las endorfinas se disparan en el escenario de una forma brutal, creo que es una de las cosas que hacen que nadie quiera retirarse en el mundo de la musica. En cambio, la poesía es el sentimiento, el azote, el compás, el latido, el trabajo solitario y el sentimiento rasante, la voz interior desde el espanto del silencio (aunque aquí tampoco se retira nadie, más que con la muerte). Como ya he dicho en otras ocasiones, siempre sé, cuando empiezo a escribir, si voy a componer una canción o un poema, son cosas bastante diferentes (aunque pueden ser reversibles y convertibles), pero yo en ese momento lo tengo claro. Y no sé muy bien por qué es, si la musicalidad, la reiteración... y todo ello antes del estribillo, claro, el estribillo es otro tema para debatir largo y tendido.
—¿Cómo recuerda la etapa de Deicidas? ¿No le resulta curioso que ‘Cuatreros de ganado’ siga sonando en los pubs?
—Mi etapa con Deicidas fue una de las mejores de mi vida sin lugar a dudas. Lo primero por las personas, entre las que tengo que destacar a José Luis Pajares Iglesias, que forma parte de mi vida desde algún momento de comienzos de los años 80, y ahí seguimos, a pesar de los vaivenes vitales. Pajarín es un músico insuperable, un compositor redondo y un escritor estupendo. El resto de componentes de Deicidas con los que compartimos tiempo y vida también han quedado grabados profundamente en mi sentimiento. Como he dicho antes, la descarga de sustancias internas en el cerebro cuando estás en plena actuación y tienes una buena interactuación con el público es algo inigualable (tal vez por eso he tenido la inmensa suerte de no necesitar otras sustancias). Componer, pensar canciones, colaborar, montar los temas, cantar, actuar, promocionar... todo eso es genial. La camaradería, los viajes, las noches, las charlas, ver a otros músicos, escuchar y escuchar música...
En cuanto a lo que se pone en los pubs leoneses no lo conozco muy bien, ya sabes que no vivo en León, soy uno de esos exiliados económicos e ideológicos que han tenido que buscarse la vida en otras latitudes. Pero es normal que algunos temas sean más permanentes, quizá por razones que nunca te llegas a explicar, y otros que considerabas más profundos o redondos no alcanzan esa relevancia. De todas formas, al vivir en un continuo revival, siempre vuelven las cosas una y otra vez. En una encuesta promovida por Diario de León, Cuatreros de ganado quedó clasificada como el mejor himno del pop y el rock leonés (y no es que yo piense que sea la mejor de la música leonesa, ni siquiera de Deicidas).
—¿León era entonces un hervidero de buenos grupos, o las cosas, en realidad, no han cambiado tanto de ayer a hoy?
—Creo que al margen de estilos, tendencias y nostalgias, siempre ha habido grupos interesantes en León. En cada momento hay unas dificultades y unas oportunidades. Entonces era difícil encontrar locales para actuar y medios para dar a conocer tu trabajo. Hoy en León hay muchos pequeños locales y las redes sociales ayudan a difundir tu trabajo.... entre otros miles de grupos de todo el mundo que hacen lo mismo, por lo que resulta complicado llamar la atención. Ahora mismo, en León, yo me declaro seguidor de Arsel Randez.
—¿No le tentó entrar de lleno en el cine, más allá de los ‘Tritones’?
—La interpretación es una profesión para la que no he tenido la oportunidad de formarme adecuadamente. Cuando comenzamos a rodar ‘en serio’ con Julio Suárez (y fue una experiencia maravillosa), yo ya tenía una edad en la que había marcado mi camino en el mundo de la información y la documentación. Pero siempre estoy abierto a participar en todo proyecto audiovisual que se presente. En Badajoz, donde vivo, colaboro con los alumnos en sus cortos y vídeos siempre que me lo piden. La verdad es que empecé y dejé muy pronto el teatro, el guiñol y después en el instituto el teatro leído, algo que me marcó significativamente; por ejemplo hice el papel de Giordano Bruno, alguien que no se doblegó, yo siempre he preferido a los que no se doblegan. De todas formas cada vez estoy más metido en un trabajo de acción poética, de declamación en vídeo-acción y foto-acción, donde la parte interpretativa en muy importante. Ahora practico autorretratos que van más allá de la imagen y del cuerpo, que se relacionen con el entorno, con los grafitis, los carteles y la señales, con todo eso con lo que nos cruzamos cada día y que yo intento descontextualizar o recontextualizar. En cualquier caso, si alguien tiene un papel que ofrecerme, que sepa que me cuesta mucho trabajo decir que no.
—¿Por qué editar ahora estas ‘Cosas’?
—Han permanecido inéditas durante estos 33 años... En uno de esos encuentro de editoriales minoritarias y deliciosas topé con Zoográfico Editorial y charlando con Rodrigo Córdoba, su responsable, sobre primeros poemarios, le dije que yo tenía inédito mi primer libro, y él consideró oportuno editarlo. Sólo prescindimos de algunos poemas por distintas cuestiones, pero los seleccionados están tal cual fueron escritos en los primeros meses de 1981. Y ahí andamos con este libro artesanal que ya ha llegado a su segunda edición, poco a poco, recorriendo los caminos de Iberia. Precisamente el próximo jueves 20 de marzo presentaremos la segunda edición en el Ateneo Varillas, a las 20.00 horas.
—¿Cuáles cree que son las grandes claves, obsesiones, manías, traumas... presentes en su mundo poético?
—Grande no tengo nada, pero me obsesiona la sociedad injusta, el maltrato ambiental, la mentira, los disturbios del alma y sus consecuencias, el amor presunto, el amor caducado, el amor insondable y toda clase de desamor, así como los delirios producto de caricias, miradas o acumulación de souvenirs en los recovecos del alma, o lo que sea. Intento dejar constancia del mundo en el que vivo, escribo como hago fotos, lo que veo, un señor que pasa por allí y lo cuenta, intentando siempre mostrar la herida, pero dejando un poco de saliva para el alivio. Aunque siempre escribo como terapia para la supervivencia, para superar el pesimismo congénito que me habita y poder dar paso a ese ilusorio optimismo del día a día que no sé si nos lleva a la mentira o una cierta mansedumbre.
—Ha creado una editorial de e-books pero de vez en cuando saca al mercado ediciones en papel tan cuidadas como estas ‘Cosas’... ¿por qué? ¿ambos modelos pueden y deben convivir?
—El proyecto ebookprofeno nace con un manifiesto adjunto que se puede consultar en el blog ebookprofeno.blogspot.com. Como sabes, la idea fundacional era poder llegar al mayor número de lectores sin importar la esencia física del libro. Pero en ese mismo manifiesto afirmamos que amamos el papel, la tinta... el olor. Y por eso Cosas ha salido de esta forma artesanal, con una edición cuidada y amorosa. En cualquier caso opino que cada vez se tiene que producir una divergencia entre libros-objeto, artesanales, artísticos, y de otras clases, con la difusión en la Red, ya sea de forma altruista como hacemos nosotros, o como intercambio comercial. Te voy a adelantar que la próxima novedad de ebookprofeno saldrá en formato papel con unos 50 ejemplares exclusivos y desde luego su descarga será libre en las plataformas que utilizamos. En cualquier caso es lamentable usar papel para muchos de los libros que se ven por ahí en palés en las grandes superficies y megalibrerías.
—¿Hay que estar muy loco para ser poeta? ¿Y editor? Porque por encima de tantos obstáculos y cosas en contra de la sembraduría de versos, habrá ‘algo’ que compense la labor...
—La verdad, no sé muy bien qué es ser o estar loco. Si estar loco es el que denuncia sin miedo, el que siente sin barreras ni resquemores, si estar loco es negar la realidad una y mil veces, si estar loco es mirar airado al rebaño de presuntos normales, si estar loco es amar la vida de forma arrebatada y sin imposturas... pues me declaro loco de remate. Pero si hablamos de la lucidez para la denuncia, de la certeza para la compresión y el abrazo, del ejemplo de vida y obra, de la rectitud de la propaganda por el hecho, de la certidumbre de la acción directa... me declaro cuerdo, eso sí, también de remate. El que hace versos tiene un primer enemigo que es su cerebro en permanente estado de vigilia para ver de qué manera puede explicar la realidad de una forma impactante, cortante, desesperada (al menos en mi caso). Después está la incomprensión, comprensión o ignorancia del resto de los que hacen lo mismo (el resto de versificadores y otros malabaristas de la palabra).
Y luego viene lo mejor, que son esa pocas, pocas, pocas personas que te leen y te comentan, te dicen o te contradicen; a pesar de escribir para mí, ese grupo de personas cada vez es más importante: son los lectores. Si publicas cuando las palabras están en sus manos, son suyas y las utilizan, entienden y comprenden a su gusto. Después está el enorme abismo hacia las masas de hooligans . Con lo cual ‘compensa’ el momento mismo de la creación, la lectura pública y el intercambio de opiniones con los que escuchan o leen. El resto no existe. Compensa sobre todo reunirse a compartir la palabra con otros, me gusta participar en acciones, cuanto más irreverentes mejor, como el Ágora de Poesía en León o los Dolores de poesía en los bares , que este año cumplen su quinto aniversario... siempre al margen.