poesía
El vértigo vivo de buscar
Nocturno casi Lorenzo Oliván Tusquets, Barcelona, 2014. 128 pp.
LLa primera función que cumple la poesía es la de ayudarnos a profundizar en el mundo y en nosotros mismos... La poesía está ahí para sacar a la luz lo no mostrado a simple vista». Son palabras de Lorenzo Oliván, uno de los poetas indispensables del presente desde la publicación de Puntos de fuga en 2001. De acuerdo con ellas, la de Oliván es una poesía inquisitiva que aspira a revelar lo que se oculta tras la superficie de las cosas: «Y avanzo por lo ciego, / levantándolo, alzándolo, / hasta hacerse visión». La poesía es, por lo tanto, revelación de lo escondido, acaricia sombras y evanescencias, un mundo tan sutil, huidizo y fugaz como la palabra que lo persigue, tanto que el poeta teme por su propia desaparición o inexistencia, «vueltos fantasmas de nosotros mismos». De ahí su propuesta de anclaje en la realidad, pero no en su corteza, sino en el hueso, nudo o eje de las cosas. En ese centro ahonda reflexivamente a través de la poesía, de una poesía bien cincelada y preñada de significación, que aúna contemplación y reflexión, en un camino que oculta a veces el movimiento primero (la contemplación) para iniciar directamente el proceso de inquirir, profundizar y revelar. Todo un poema, por ejemplo, puede construirse como una sucesión de interrogaciones («Nudo»); otro es una única interrogación que abarca todo el poema («Lo abierto y lo cerrado»). La pregunta, aunque sin respuesta, hiende la corteza de las cosas: «Cada vez que alguien hace una pregunta / el mundo se abre un poco». Esas preguntas aluden también a la naturaleza de la poesía: «¿Pero cuánto de azar y de destino / hay en cada poema?».
Son signos externos de un entendimiento de la poesía como un modo de caminar, entre sombras, hacia el centro de las cosas, que están ahí para ser vistas y pensadas: «No sé qué parte de la luz se filtra, / pero la que se filtra / quiere que yo la piense». Cruzar y penetrar son verbos que convienen a la poesía de Olivan. Pero en algún poema previene de los peligros de tratar de encauzar o de poner límites a la realidad. Frente a ello alza una imagen, la del mar, cuyo límite es el horizonte abierto. Las imágenes, al reiterarse devienen símbolos que trascienden la materialidad. Son el mar, lo blanco, el vuelo..., pero sobre todo la luz que crea espacio, que desvela y releva. Poesía en avance hacia dentro es la de Oliván. Crea fisuras, grietas en la corteza o en la piel en busca de otra luz que ilumine por dentro, que nos haga conocer y conocernos.