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Los versos del capitán

EL BERCIANO LUIS LÓPEZ ÁLVAREZ (LA BAROSA, 1930) CUMPLE 85 AÑOS EL 7 DE MAYO, PERO SU CITA DE TODAS LAS PRIMAVERAS ES EL 23 DE ABRIL EN VILLALAR DE LOS COMUNEROS. AUNQUE ABANDONÓ ESPAÑA CON 20 AÑOS, NUNCA HA DEJADO DE VOLVER, «MARCADO DE AMOR POR LA LLANURA». . divergente

El poeta berciano Luis López Álvarez

El poeta berciano Luis López Álvarez

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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E l próximo jueves Luis López Álvarez estará también en la feria del libro de Ponferrada, acompañado por la cantante María Salgado, desgranando versos y emociones. Hace un año publicó Estado de necesidad (1914), su libro más reciente, dictado por el compromiso con los corredores de emigración que discurren por África y por la América hispana, con versos empujados por la conciencia de una terrible injusticia social. Fue su manera de decirnos que sigue alerta y vigilante con la deriva de los más desheredados.

Luis López Álvarez pertenece a la generación del medio siglo, pero con una trayectoria singular, alejada del rumbo doméstico de la mayoría de sus compañeros. Vivió los años de formación en Valladolid y emprendió la aventura literaria junto a Umbral, que lo evoca como «viejo camarada de adolescencias impacientes». «El secretario del Ateneo, recuerda Umbral, era Luis López Álvarez, con diecisiete años, un joven ingenio que también andaba por la ciudad disfrazado de poeta, como yo, y con quien a veces me encontraba en la carbonería, a por un kilo de ovoides». En Valladolid se enamora de una chica francesa, que será su mujer, y marcha tras ella a París en el otoño de 1950.

DÉCADAS DE COMPROMISO

En París sobrevive los primeros años con un vínculo ancilar a personalidades que lo ayudan y jalonan su recorrido por los tiempos difíciles: Salvador Madariaga y Miguel Ángel Asturias. De su mano, estudia Ciencias Políticas en La Sorbona y empieza a trabajar en el Movimiento Europeo, en la radio francesa y en la Unesco. En 1952, publica en Madrid su primer libro, Arribar sosegado, de resonancia juanramoniana. Un lustro después ve la luz en París Víspera en Europa, en edición bilingüe. Son los versos de un español errante que se arropa con quienes están a su lado. Entre 1957 y 1961 vive en el Congo francés, primero como locutor y luego como director del Instituto de Estudios Congoleños, además de estrecho colaborador de Patrice Lumumba. Su muerte violenta lo obliga al repliegue, aunque volverá años más tarde, como asesor de Kabila, también asesinado cuatro décadas después. A todos ellos expresará su gratitud con libros de evocación y homenaje.

La edición de Las Querencias (1969) supone su rescate para la poesía española. Es un libro de sonetos que recupera el vínculo con la tierra berciana y castellana. Sonetos de impecable factura clásica, dinamizados por un manejo singular de los recursos expresivos. Ahí aparece el homenaje a Lumumba, los versos de amor, la evocación del Bierzo. Amancio Prada musicará varios de estos sonetos, que combinan la pasión telúrica y el hilo del recuerdo. Imposible olvidar la belleza estremecida de Compañera , Entrar en ti, Amar no quiero o Al quiebro . En 2001 duplica el libro en Querencias y quereres, que incorpora 75 sonetos más.

REVUELTA COMUNERA

En marzo de 1972, Luis López Álvarez trenzó en un romance la aventura de los comuneros. La primera edición de aquel libro llevaba una octavilla firmada por Vicente Aleixandre, que consideraba insólito su logro «moderno, colmado y pleno» en el remozamiento de la épica. Aquellos versos rotundos y sonoros, pegadizos en su bordoneo cadencioso, traspasaron el cerco de papel de la poesía para convertirse en himno colectivo, capaz de agitar las banderas de abril, a través de las voces de Nuevo Mester de Juglaría.

Rumor de Praga (1971) y Los comuneros (1972) refuerzan su perfil comprometido en el bastidor generacional. Es un poeta que sitúa la solidaridad en el eje de sus preocupaciones y asume lo social como núcleo de su obra, para vehicular el canto colectivo. Viajero impenitente, sus versos se detienen en el universo íntimo o dan acogida a pulsiones de su recorrido vital. La invasión de Praga lo convierte en portavoz de las víctimas, mientras el reencuentro con las raíces comuneras lo enfrenta al pálpito de la memoria. «Comunes el sol y el viento, / común ha de ser la tierra, / que vuelva común al pueblo / lo que del pueblo saliera».

Pálpito (1990) abrocha en una trilogía los libros precedentes Cárcava (1974) y Tránsito (1979). En sus versos ruge la zozobra de un ser humano que no se resigna a las pérdidas y pelea por un horizonte prometedor. Cárcava evoca la memoria de la tierra y juega con la percusión de la palabra como sonido de alerta. Tránsito recorre con palabra fugaz «las rojas ciudades en el crepúsculo del siglo». Pálpito da cauce al mensaje pródigo, que altera o mece al lector. En medio de esta trilogía, ve la luz Cómputo (1985), una antología muy difundida de su obra entre 1952 y 1982. También Elegíaca (1986), poemario dedicado a la muerte de su mujer, con un lenguaje transparente que desemboca en apacible meditación.

Entre 1985 y 1992, residió en Segovia, encargado de los Cursos Internacionales de la Complutense. Luego viajó a Caracas y Puerto Rico, donde vive. Su obra última discurre en tres poemarios (Adarmes (1991), colección de aforismos; Amor en el tiempo de Acuario (2002), sobre las etapas de un amor; y Memorial de Trinidad (2012), donde ensarta las pulsiones de la historia bajo la bóveda cósmica del Caribe, y la novela Cóncavo Congo (2008), que regresa al país africano para mostrar la tensión de dos mundos que no sintonizan, sin que los colonizadores hagan nada por entender a los nativos. Un relato fallido sobre la lucha por la independencia a través de una intriga de amores y decepciones.

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