«La inmigración ha escrito la historia de la humanidad»

l El Nobel de Literatura Orhan Pamuk publica ‘Una sensación extraña’. «He ahí el alma de Estambul». Lo dice Orhan Pamuk (1952) en el balcón de su casa del elegante barrio de Nisantasi, ante una espectacular vista del bósforo. Aquí ha escrito ‘Una sensación extraña’ , novena novela del escritor turco y premio Nobel de Literatura 2006, a la que ha dedicado seis años

El escritor turco y Nobel de Literatura Orhan Pamuk

Publicado por
miguel lorenci
León

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S u Estambul natal es de nuevo protagonista de un fresco formidable que refleja los profundos y vertiginosos cambios de la milenaria urbe entre 1969 y 2012. Esta vez a través de los ojos y el entorno de Mevlut Karatas, un inmigrante anatolio vendedor callejero de yogur y boza, una bebida tradicional turca.

—Estambul, sinónimo ya de Pamuk, ha pasado de 1 a 16 millones de habitantes en medio siglo. ¿Escribe desde la nostalgia o desde la fascinación por cambio?

—Soy afortunado por vivir este cambio desde dentro. Pocos escritores en la historia han visto crecer y cambiar así a una ciudad. Sus cambios culturales y demográficos son el tema de todos mis libros. Pero no tengo una visión romántica de Estambul ni la endulzo en mis novelas. Se liga mi nombre a Estambul fuera, y me halaga, pero para muchos turcos soy solo un escritor burgués. Es muy humano sentirse conectado con las plazas, las calles y los edificios de tu niñez y adolescencia. Pero si el edificio donde te enamoraste por primera vez se destruye, tu memoria desaparece. Una ciudad es un índice de nuestras memorias y desde mi ventana veo como se deshace con el paso del tiempo. No es un crimen. No lloro ni lo lamento. He aprendido a vivir sabiendo que el cambio es inevitable. Me encantaría que el urbanismo no destruyera ese patrimonio, que mantuviera su belleza y no se viera todo como metros cuadrados y su potencial económico.

—Estambul recibe oleadas de inmigrantes, de los turcos en los 50 a los refugiados sirios que llegan camino a Europa. ¿Siempre acogidos con recelo?

—La historia de la humanidad la ha escrito la inmigración. En el Medievo la distinción cultural y económica no era tan grande como en la actualidad. No era un gran problema en ese sentido. Si hablamos de calidad de vida, de la libertad y la forma de entenderla, las normas de la modernidad de Europa, son muy distintas a la de los emigrantes que recibe. No es la inmigración que fue a California por primera vez, a un centro industrial o un país en desarrollo. Son inmigrantes que van a lugares mucho más ricos y menos conflictivos que los que dejan. Es una emigración económica impulsada por una guerra. Mevlut fue mucho más afortunado. Con conexiones en Estambul, con familia, el mismo idioma, cultura y religión, lo tuvo mucho más fácil.

—Se alzan muros y alambradas para detenerlos. Hungría los golpea y encarcela ¿Vergonzante?

—El trato a los refugiados en Hungría es muy vergonzoso para Europa. Turquía ha recibido dos millones y Europa discute si el Reino Unido o Francia deben recibir unos miles. Me subleva. Por muy buena voluntad de acogida que tenga, Turquía no tiene tantos medios para aceptar a tanta gente como otros países europeos.

—¿Por qué apenas se oyen voces de intelectuales en defensa de los inmigrantes?

—Acaso a muchos quisieran hablar, pero no se les presta atención. En las sociedades libres europeas todo el mundo puede expresarse, y quizá eso reste presencia a los intelectuales. En una sociedad represora como la turca es distinto y llama más la atención. Cuando hablo es un gran evento. Hay pocos que puedan hacerlo, pero los hay muy valientes, que se expresan aunque el control gubernamental reprima sus voces.

—¿Hay aun un gran déficit democrático en su país?

—Sí. Turquía es una democracia electoral, no una democracia real. No se respeta la libertad de expresión ni las libertades de las minorías. Todo lo que se supone que conlleva una democracia real. Los periódicos de oposición soportan una enorme presión.

—¿Se expresa con plena libertad o es cauteloso en temas como el genocidio armenio que le costó amenazas y casi un proceso judicial y la vida de su amigo, el periodista armenio Hrant Dink?

—El Nobel y la fama me convierten en un privilegiado. Muchos periodistas turcos deben medir mucho lo que dicen. Son despedidos, investigados, soportan la represión del gobierno y son juzgados. Nunca hubo problemas con mis novelas, sí con las entrevistas en las que expreso mis posiciones políticas. Si el gobierno de Erdogan se siente insultado te puede llevar a los tribunales. La situación de muchos intelectuales y periodistas es muy preocupante. Me gustaría, claro, una sociedad más secular.ç

¿Su prestigio es un escudo?

—En realidad nada te protege realmente aquí, con excepción de mi escolta, que paga el gobierno (ríe).

—Turquía y Europa viven entre la esquizofrenia y el desamor. ¿Aún defiende su integración en la UE?

—Hace una década era muy entusiasta. Luché mucho por la entrada de Turquía en la Unión Europea. Ahora ese anhelo se ha debilitado. No se habla tanto de unirse a Europa. Que Europa digiriera una nación musulmana y muy tradicional hubiera sido bueno para ambos pero quienes lo defendemos somos par el gobierno intelectuales desarraigados y renegados. A principios de 2000 un periodista español me dijo: no os preocupéis, si nos admitieron a nosotros os admitirán la vosotros. Fue una predicción muy optimista.

—Fue paralizante el Nobel. ¿Retrasó esta novela?

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—No. Recibirlo joven y en plena actividad me ayudó mucho. Estaba muy ocupado escribiendo El museo de la inocencia . No cambiará mi vida; voy a escribir, me dije al recibir en Nueva York la llamada de Estocolmo. No podía permitirme ni un segundo de ansiedad o agobio.