La música, de los ‘castrati’ a Lady Gaga
l Jesús Ruiz Mantilla quiere seducir a neófitos e iniciados musicales con dos ambiciosos libros . contar la música Jesús Ruiz Mantilla Galaxia Gutenberg, Madrid, 2015. 399 páginas
esteban cobo
H ace 20 años la crónica de música clásica en España se reducía a una crítica «manierista, pedante y distante» que asustaba al neófito y pasmaba al iniciado, una lejanía que el periodista y escritor Jesús Ruiz Mantilla se empeñó desde entonces en superar y que ahora describe en Contar la música .
«A los músicos hay que contarlos como seres de este mundo, no de otro. No están en un pedestal. Comen, les ponen multas y pagan impuestos como los demás», resume en una entrevista el autor, periodista de El País desde 1992. Contar la música (Galaxia Gutenberg) es una idea suya. «Quise, después de 20 años metido en la crónica musical, hacer un acopio de lo vivido, pero es un libro escrito, algo nuevo sobre aquello, no una mera recopilación», precisa. Su esfuerzo de recolección e investigación le llevó, en una primera aproximación, a escribir más de 800 páginas y entonces le propuso a su editor, Joan Tarrida, «para ahorrarle al lector el esfuerzo pero no el precio», bromea, hacer dos libros.
Uno, el que se presentó esta semana, dedicado a los intérpretes, desde Mozart a Chopin, Mahler y Leos Janacek, pasando por Henze, Boulez, Glass, Von Karajan, Argenta, Harnoncourt, Abado, Chailly, Muti, Barenboim, Rattle, Gergiev, Jansons, Mehta, Anne-Sophie Mutter, Rostropovich, Pollini, Maisky o «fenómenos» como el de los chinos Lang-Lang y Wanj y el sistema de orquestas de Venezuela y la Djavan.
El otro, que saldrá el año que viene, estará protagonizado por los divos, de los castrati a Lady Gaga, aunque para redondearlo aún le queda entrevistar a la norteamericana y a uno de los más populares y cotizados tenores del momento, Jonas Kaufmann.
Ruiz Mantilla (1965) explica que en Contar la música , que empieza admitiendo que pretender «narrar» ese arte es como «querer bailar la arquitectura», hay «una especie de filosofía del oficio» y que en su recensión están «todos» los que «le interesan» y por eso, y porque «no merece» figurar entre Brendel, Pollini o Zimmerman, ha dejado fuera al pianista croata Ivo Pogorelich.
«Para que un músico me interese tiene que tener un discurso». El material con el que ha trabajado es el del testimonio, es decir, las respuestas a las entrevistas que él ha hecho en estas dos décadas, «deconstruidas» y vueltas a construir para hacer, a partir de ellas, «perfiles de personajes». Los músicos, afirma, «son muy raros pero están muy atentos al pensamiento porque tienen una relación muy intensa con el pasado y eso les hace sacar conclusiones fascinantes sobre el presente», sostiene.
Lo que más le interesa de la música a Ruiz Mantilla «es el silencio» entre sus notas, «el asombro que provoca» y le encanta ver a los intérpretes jóvenes, como los pianistas Javier Perianes, Lang Lang o Leif Ove Andsnes e imaginarlos con 20 años más.
«Cuanto mayor es un pianista, mejor es la música que hace. Todo se va encadenando. El estudio desemboca en el virtuosismo pero es la madurez lo que lo convierte en una obra de arte», asegura. Al autor le gustaría que sus lectores fueran jóvenes como los amigos de sus hijas, pero también otros «fieles de la música clásica» como el taxista de Coslada que iba escuchando en un cedé Lohengrin .
En estos 20 años, añade, Ruiz Mantilla ha constatado que la música clásica ha experimentado «una apertura brutal» a nuevos públicos, y que entre sus colegas «ha muerto» una forma «antigua, cursi, rebuscada e insufrible» de comunicar en favor de estilos que «inventa cada generación».